¿Cómo enfrentar la Sexualidad Adolescente?

Aun sabiendo que la sexualidad es un proceso normalmente humano, para los padres de adolescentes esta etapa está cargada de miedos, dudas e inseguridades.

Guía de: Adolescencia

Con la adolescencia arriba el despertar sexual de los jóvenes. Esta es una realidad que responde a factores biológicos, psicológicos y emocionales de la cuál ningún ser humano en normal desarrollo puede escapar. Sin embargo, y aun sabiendo que la sexualidad es un proceso normalmente humano, para los padres de adolescentes este tránsito está cargado de miedos, dudas e inseguridades.

El embarazo adolecente es el gran temor de los padres, y el cómo impedir que los hijos sean padres a tan corta edad se convierte en la razón de lucha de los años adolescentes y juveniles. Prohibiciones de toda índole, que van desde evitar hablar de sexualidad hasta incluso impedir que sus hijos tengan polol@s son algunas de las medidas que toman los padres para evitar correr cualquier riesgo.

Sexualidad juvenil

Imagen: Alfredo Cáceres

Los padres pueden y deben intervenir en la sexualidad de sus hijos desde la palabra.

Otros miedos como el contagio de sida y de enfermedades de transición sexual en general, se le suma a la incomodidad que provoca hablar con los chicos de sexualidad da por resultado el silencio sepulcral en el que caen todas las conversaciones con relación a la sexualidad, convirtiendo al sexo en el gran tabú de cientos de familiar a lo largo de todo el país.

Se asume que la omisión o la prohibición son suficientes para que los chicos se conviertan en seres asexuados, sin ningún tipo de deseo, pero ¿cómo pretender ignorar el deseo adolescente por la sexualidad, si es justamente en este periodo, cuando a nivel bio-psicosocial su cuerpo se los recuerda en cada instante?

Desde esta perspectiva el silencio es el peor aliado de los temores paternales. En vez de hacer como si nada pasara sería bueno que los padres aprovecharan este momento para transmitir, desde su propia experiencia, los cuidados y precauciones necesarias para que sus hijos enfrentaran esta nueva realidad lo mejor preparados posibles.

Incluso, es a través de la palabra, y sólo a través de ella, la manera en que los padres pueden acompañar este tránsito, demorándolo, dando las coordenadas adecuadas, para que los hijos no cometan sus mismos errores.

Pero, ¿hasta qué punto un padre puede o no decidir en relación a la vida sexual de sus hijos? En este punto sostengo que las conversaciones con ellos deben ser previas a la primera relación sentimental, que deben ir acompañando el crecimiento de los hijos y sosteniendo el crecimiento de la relación de éste con sus padres.

Actualmente los chicos están bombardeados de imágenes sexuales, la televisión, el entorno, e incluso los videojuegos están llenos de mensajes erotizantes por lo que mantener a los hijos al margen de ellos, es una tarea casi imposible; por otra parte tampoco es normal pretender criarlos en una caja hermética en la que no tengan contacto alguno con otros y con los riesgos y experimentaciones que esto conlleva.

Es muy difícil escapar de esta sexualización de la cultura que atraviesa todos los espacios públicos y privados. En este escenario el que la familia sea capaz de mantener los ejes y los equilibrios se torna fundamental para un buen tránsito por la época adolescente.

En estos casos los límites resultan fundamentales, evitar las excesivas exposiciones alcohólicas de los menores es una forma de disminuir las prácticas sexuales sin tomar realmente consciencia de lo que se hace; además orientar respecto a los riesgos que conllevan las ETS y las cosas que se ponen en juego con un embarazo no deseado, son los márgenes en los que se deben concentrar los cuidados y esfuerzos paternos.

Los padres pueden y deben intervenir desde la palabra, es en este espacio dónde pueden exponer sus pensamientos, en lo qué están de acuerdo y en lo qué no. Mientras más tiempos de conversación se puedan concretar, los adolescentes llevarán de mejor manera su sexualidad, sin embargo, es importante entender que conversación no es prohibición, y que la prohibición tampoco es la mejor manera de enfocar este proceso.

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