Guía de: Adulto Mayor

¿Cuánto esperamos los padres de nuestros hijos?

Hay algo en el yo interno de los padres que aspira a que los hijos se parezcan a ellos, no solo en el parecido físico, sino en los sentimientos y en aquellos aspectos de los que se sienten orgullosos.

“Vendrán tiempos en los que necesitaré de tu ayuda. Si no me puedas tener a tu lado, asegúrate de conseguir un espacio cálido donde me sienta protegido y viva dignamente.

No decidas por mí, considera mi opinión y decidamos juntos, acompáñame pero no me trates como un inválido cuando no lo  sea.

Dame tiempo para comprender el mundo de hoy,  puedo parecer poco comprensivo es que llevo mucho tiempo haciendo las cosas de una manera determinada.

Ayúdame a alimentar mis tradiciones, los lugares en los que viví momentos significativos, acompáñame a visitar  a mis amigos, déjame demostrar mis sentimientos, me tranquilizan el alma”.

Padres hijos
Foto: Internet

Estas reflexiones de mi autoría me llevan a pensar una pregunta que, en algún momento, todos los padres nos hemos hecho: ¿Cuánto esperamos de nuestros hijos?

Hay algo en el yo interno de los padres que aspira a que los hijos se parezcan a ellos, no solo en el parecido físico, sino en los sentimientos y en aquellos aspectos de los que se sienten orgullosos, aquellas características que les sirvieron en la vida para lograr sus propósitos.

Sin siquiera ser consiente aspiran a  que hayan heredado sus virtudes. A veces se olvidan que vienen a esta vida con su propia esencia y que tal vez, nada tenga que ver con la de sus progenitores. Es necesario recordar  que los hijos son una combinación de dos personas distintas que unen su herencias genéticas en este nuevo ser.

La socialización y la educación indudablemente aportan elementos que contribuyen a moldear su carácter, pero no cambian su naturaleza intrínseca, y así debe ser, para respetar la individualidad y exclusividad de cada ser humano.

Cuando hay armonía en la forma de ser de los padres y la de sus hijos, todo bien, aquí no importa si sus virtudes no se parezcan porque igual todo marcha según lo esperado.

Sin embargo las cosas se complican cuando el carácter y la conducta de los  hijos no se ajustan a las  esperadas. Estas características se hacen más evidentes cuando el hijo es adulto y autónomo, ¿qué pasa entonces?

“¿A quién habrá salido?”

Muchas veces habrán escuchado a algunos padres preguntarse, cuando las conducta de sus hijo no representan lo deseado, ¿a quién habrá salido?, una pregunta que refleja la  resistencia que se advierte en ocasiones para  a aceptar que nuestros hijos son personas únicas y no un reflejo de los padres.

Peor es cuando se tiende a creer que un hijo es solo un producto de lo que construyeron los  padres en forma antojadiza, esto es una utopía, un hijo, en primera instancia, no es propiedad de nadie, los padres acompañan a este ser maravilloso en su propio proceso de creación, aportan con su experiencia, aprendizajes y con los patrones afectivos que  junto con muchos otros agentes socializadores permiten que los individuos se desarrolle.

En este proceso los padres aprenden que la vida no siempre es como se la imaginaron, los hijos no siempre responden a la forma de ser que hubiesen deseado, sin embargo, en algún recodo del camino reconocen a este hijo como un ser único e irrepetible y aprenden  a respetarlo y a seguir amándolo con aquello que lo iguala o lo diferencia de sus padres.

El verdadero amor es aceptar al otro tal cual es. Un hijo, tenga la edad que tenga, necesita imperiosamente sentirse amado por sus padres. Está en cada padre y en cada hijo hacer sentir al otro que el amor va más allá de cualquier diferencia o desencuentro.

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