Periodista, ñoño por naturaleza y por opción. Nacido y criado en Concepción durante los famosos años 80, vicisitudes de la vida me hacen llegar junto a mi familia a Santiago por ahí por el año 98.
Amante de la animación en general, y más profundamente de la variante japonesa conocida como “Animé” desde chico cuando disfrutaba ver las aventuras de Marco, Remi y el Capitán Futuro entre otras. La vida en Concepción hizo que me perdiera gran parte de las series que se daban en Santiago, jamás vi “Pipiripao” por la sencilla razón que el canal que lo daba, no llegaba a la Octava Región.
El sub-género que más me gusta del Animé, es el de las series de robots gigantes. Máquinas manejadas por jóvenes valientes (y un par de niños llorones) hechas para defender a la Tierra o a cualquier planeta amenazado por las fuerzas del mal, con poderes y ataques tan variopintos como extraños y amenazantes son sus enemigos.
Sencillo, algo retraído, intento ser lo más sincero posible en mi vida y en mis acciones. A veces resulta, a veces no. A veces hiero, a veces reconforto. No soy ni bueno ni malo, simplemente soy.
Entre otros gustos, casi todos del ambiente geek/ñoño, disfruto enormemente del cine basura (Hollywood y blockbusters varios en general), cómics –últimamente enfocado al terror con las series de The Walking Dead y las pervertidas (y a veces hasta enfermas) series de Avatar Press y Garth Ennis- , un amplio espectro musical que va desde la música clásica hasta el Death Metal pasando por la de los años 80s.
También colecciono figuras basadas en series japonesas, principalmente de series antiguas (Gunda, Dougram, Mazinger, etc…). Una pequeña colección, lo poco que me permite un salario modesto, la cual cuido mucho e intento hacer crecer un paso a la vez.
Mi idea es dar a conocer un poco más acerca del animé, lo que sé, lo nuevo, lo viejo, lo que viste, lo que no, lo que no sabías que existía, los remakes, las continuaciones, dónde buscar, dónde encontrar juguetes, figuras, y un larguísimo etcétera.
Todo esto, se debe simplemente a que “a nadie le gusta aceptar los errores cometidos por su juventud”.
