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Autopistas urbanas y sus promesas no cumplidas

Si revisamos con detención los efectos de la construcción de autopistas urbanas en Chile, es imposible no centrarse en las promesas imcumplidas.

Cuando durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos se anunciaron los proyectos de vías y autopistas consesionadas, como una manera de acelerar y hacer posible a través de inversiones mixtas (públicas + privadas), la materialización de vías necesarias para mejorar la conectividad y reducir la congestión vehicular en la ciudad, todos quedamos maravillados con las promesas y los alcances de los diferentes proyectos. Chile tendría, por fin, una conectividad vial de ultima generación.

La discusión técnica, desde el punto de vista de los intereses de la arquitectura, se centró en 3 aspectos fundamentales:

Autopistas urbanas
Foto: Harold Castillo

Costanera Norte.

1.-El tratamiento de excelencia que iban a tener todos aquellos espacios e intersticios que naturalmente dejarían especialmente los tréboles y los pasos niveles. Estos se mostraron verdes, con un cuidado paisajismo, con abundantes especies arbóreas e iluminación. Hoy día nos encontramos con un paupérrimo tratamiento de estas zonas, observar con detención lo que está ocurriendo actualmente bajo el paso nivel Ruta 5 / Costanera Norte (hay dos personas viviendo ahí, con colchones, closets y todo) nos remonta a un Chile que creíamos lejano. Peladeros de tierra, taludes de cemento, barreras acústicas, áreas enrejadas, polvo en suspensión, zonas obscuras y peligrosas. Son muchas las externalidades negativas que contrastan con las imágenes y videos espectaculares que el MOP mostró durante la promoción de los proyectos.

2.- Todas las autopistas contarían con una alternativa al recorrido que fuera gratuita, cuestión que no se cumplió ya que para que otro recorrido realmente constituya una alternativa (“alternar”, en el sentido de poder cambiar una cosa por la otra en una relación de equivalencia razonable) este debe ser a lo menos parecido en sus dos variables más importantes, velocidad / tiempo de traslado y costo asociado al traslado. Comprenderán entonces, que si decido hoy cruzar Santiago de Sur a Norte, desde San Bernardo hasta Quilicura, sería una odisea de horas hacerlo desde otra vía que no sea la Autopista. Gran promesa no cumplida y nuevamente la clase media que se moviliza en auto en grandes trayectos se le impone un gasto adicional a su apretado presupuesto.

Autopistas urbanas
Foto: Alejandro Balart

Autopista central.

3.-Los diseños  y trazados de las Autopistas incluirían estrategias para evitar que éstas segregaran barrios completos dejándolos aislados y desvinculados de zonas que estaban progresando y que al corto plazo terminarían por “contagiar” zonas aledañas valorizando su suelo. Al optar por vías elevadas o en superficie en perjuicio de las subterráneas (mucho más caras) se generaron verdaderas barreras infranqueables que dejaron barrios completos en estado de congelamiento (ver el caso de Renca camino al aeropuerto, que perdió toda posibilidad de que el desarrollo de Santiago Poniente atravesara el Río Mapocho).  Estos sólo podrán progresar por sus propios medios, siempre muy precarios.

Pero, habiendo ya pasado algunos años, podemos asegurar que haberlas construido ¿fue un acierto o un error?
Difícil establecerlo, sobre todo porque es imposible determinar que hubiera sucedido con la ciudad si no se hubiesen construido.  Probablemente un caos de marca mayor.
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