Guía de: Arquitectura

La discutible utopía del urbanismo en la precordillera

La estrecha relación entre fenómeno social y experiencia urbana que se da en la precordillera santiaguina, nos hace reflexionar sobre la importancia de la planificación urbana en el desarrollo del país.

El Nuevo barrio acomodado en Chile, que se presenta en su máxima expresión en especial en la precordillera de Santiago, nos refleja la actual configuración socio económica del país. Al recorrer Los Trapenses, La Dehesa, San Carlos de Apoquindo, Peñalolén Alto, Chicureo, Piedra Roja y otros enclaves precordilleranos de la ciudad, uno se de cuenta del éxito que han tenido ciertos formatos propuestos por las inmobiliarios y muy bien recibidos por los consumidores.

El condominio cerrado, controlado por un solo acceso con guardia, con todas sus viviendas iguales (algunos hacen esfuerzos inertes por lograr diferenciación, cambiando un color o la coronación de la techumbre), representa, a lo menos en su etapa primaria antes de madurar, una idea muy contraria a los ideales del urbanismo.

Condominios en la precordillera

La configuración formal de estos condominios es una "receta probada", que mezcla seguridad con eficiencia inmobiliaria.

La disponibilidad de grandes paños de terrenos en estos sectores y la presión de las familias que pasan de clase media a clase alta por ingresar con sus hijos a los mejores colegios y universidades particulares del país, es el aliciente perfecto y el ingrediente preciso para potenciar esta oferta. La sola idea de vivir en un lugar seguro y a distancia caminable del colegio y la universidad, tener el supermercado a unas cuadras y mi propia clínica a disposición,  es ya una utopía cumplida. El sueño de la ciudad jardín de Howard cumplido parcialmente en un pedazo de ciudad.

El caso de San Carlos de Apoquindo es paradigmático. Esta configuración urbana es también una respuesta perfecta al gran cambio social que se gestó en Chile. Pasamos de padres que apenas se preocupaban por sus hijos a padres que hacen “todo por sus hijos”, eso incluye por supuesto, evitar cualquier incomodidad que impida su desarrollo. Hay jóvenes (la generación “cota mil” que el padre Berrios denunció hace ya un par de años), que muy rara vez han bajado de los cerros, atomizando dramáticamente su realidad ¿Para qué tendría que hacerlo? ¿Porqué tendría que hacerlo?

Las respuestas sobran. La esencia de la riqueza urbana está lejos de ser una experiencia visual, lo que hace la diferencia de vivir en la ciudad es justamente el contacto estrecho con una realidad diversa, imperfecta, donde los seres humanos se desarrollan inmersos en aquello que después, en etapa productiva, deben tener como misión mejorar.

Utopía Urbana
Foto: Alex Moreno

El caso de San Carlos de Apoquindo es paradigmático.

La pobreza, las miserias de un adulto mayor en decadencia, el comercio ambulante, la gente que trabaja, el transporte público, el tráfico insoportable, la basura mal recogida. Son incontables las experiencias de las cuales la futura elite chilena se está privando bajo el alero de una homogeneidad absurda y mentirosa, gozando de una calidad de vida  soñada y cumpliendo  la aspiración de aquellos padres que se prometieron a sí mismos impedir a toda costa que sus hijos atraviesen las mismas penurias que ellos, olvidando por supuesto, que el éxito que les permitió llegar hasta la cordillera está relacionado íntimamente con ese camino.

Nunca había estado tan relacionado un fenómeno urbano, económico y social, desencadenando una dinámica ya instalada sin vuelta atrás y de la cual no conocemos sus resultados.

Está por verse, poco a poco saldrá a la luz este nuevo Chile conducido por ingenieros crecidos en un barrio “perfecto”, dónde no hay basura en las calles porque nadie camina por ellas, dónde las casas no tienen rejas porque nadie se puede acercar a ellas, dónde el clímax del cruce social es el niño con la nana de uniforme en la plaza. Donde yo, como soy igual al otro, estoy perfectamente cómodo y a gusto.  Yo por lo menos, no le veo muy buena cara.

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