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Autos deportivos de lujo: Entendiendo por qué son tan especiales

Admirados y criticados, los autos de lujo esconden un mundo que no es posible descubrir hasta que logras ponerte al volante de más de uno.

Autos deportivos existen muchos, de distintos precios, segmentos y estilos de acuerdo a su procedencia. Con cada aparición, noticia o artículo de estos artefactos, se cruzan opiniones de distintos bandos: quienes los consideran una aberración, quienes defienden su propio estilo (entre autos rivales) y quienes aman todo lo que tenga 4 ruedas y se mueva con estilo.

Es cierto, puede que todas aquellas opiniones tengan un pedazo de la torta de la verdad; también es cierto que podemos ver miles de fotos y leer decenas de artículos relacionados con ellos, hablando de sus terminaciones, potencia y manejo, pero en nadie nos logrará transmitir la verdadera esencia de estos autos, oculta hasta que te logras poner al volante de varias de estas máquinas.

El objetivo de las próximas líneas, es poner un punto intermedio, en el cual podamos entender el porqué de estas cosas, que no existen sólo para ostentar o romper récords de fríos números.

El asunto va más allá de decir “soy yo conduciendo este auto que me costó mucho dinero” o “lo conduje a tal velocidad”. He tenido la suerte de ponerme al volante de muchos autos deportivos bastante raros y escasos y de cierta manera logré entender el sentimiento que transmite cada máquina. Los europeos tienen su estilo, los japoneses y los estadounidenses el propio, constituyendo las 3 cunas más importantes que fabrican automóviles deportivos de lujo.

El europeo, disfruta de una conducción más de montaña o de autódromo, rodeado de un cuidado en cada detalle, costura o perno puesto en el auto; a pesar de que estos detalles no están a simple vista, hay un increíble trabajo artesanal en cada uno de ellos y quien lo posee, entiende y disfruta del esfuerzo puesto por cada artesano.

El estadounidense (o popularmente “americano”) gusta de la potencia, aceleración y brutalidad de un motor que suene fuerte, el diseño musculoso y las largas rectas de las carreteras que cruzan su país. Es un orgullo de patriota, cada “muscle car” de ese país, transpira patriotismo en una suerte de “soy estadounidense, aquí estoy”.

El japonés tiene algo del europeo, pero desde un punto de vista más complejo; su desarrollo tecnológico es la base de su orgullo: motores pequeños pueden superar a otros mucho más grandes y con facilidad. Conducen sabiendo que bajo el capó hay miles de horas de ingeniería fina y la sensación al volante puede ser igual o superior al más fino purasangre europeo.

Los tres estilos tienen sus defensores propios, amantes de los 3 o definitivamente detractores totales, considerándolos sólo objetos de ostentación o formas de gastar el dinero injustificadamente, sólo para alimentar el ego.

Foto por Guillermo Zuñiga

Al volante de un Maserati, se puede experimentar uno de los sonidos de motor más finos que existen. Yamaha desarrolló el sistema de escape para que fuese armonioso.

Yo he aprendido a apreciar los 3 estilos, más allá de la potencia, precios, diseño o estatus social que te entregan. Éstos objetos dan empleo a muchos artesanos especialistas, ingenieros apasionados y personas como todos nosotros que hacen su trabajo con pasión y orgullo. Quien adquiere un automóvil deportivo de lujo, lo hace por el resultado que entrega el trabajo conjunto de todas estas personas, admirando cada detalle, reacción, sonido y olor porque en conjunto te entregan un sentimiento único el que sólo se experimenta cuando has logrado entender todo el trayecto que han recorrido quienes pusieron de su parte en el proyecto.

Muchas marcas, como Bugatti, fabrican modelos generando pérdidas, otras se mantienen en una línea y no logran hacerse más ricos, como Bristol o TVR, que últimamente quebraron. No tiene que ver con las cifras de aceleración o potencia, no tiene que ver con la cifra del valor de mercado, tiene que ver con el producto intangible que entrega cada automóvil deportivo de lujo… la potencia es un agregado, un dato más y el valor sólo representa el esfuerzo que hay dentro.

Estas máquinas son tan complejas que casi en el 100 % de los procesos de fabricación, se requiere de un especialista, artesano o ingeniero. Lamborghini por ejemplo, no utiliza robots en el proceso de pintura. Cada auto es pintado por una persona en el exterior y otra en el interior. Ferrari emplea a mujeres talabarteras para tapizar cada una de las piezas del interior, y así podría confeccionar una larguísima lista de personas que constituyen una magnífica máquina.

Foto de GM

Un Cadillac CTS-V, con motor de Corvette, todo el poder y lujo estadounidense en un automóvil Station.

Cuando te sientas al volante de un Lotus de 200 hp, puedes tener más emoción que al volante de un Aston Martin de 500 hp, y es porque son estilos distintos… el Lotus es para quien disfruta de una conducción trabada y cargada de adrenalina mientras que el Aston Martin es para quien desea un viaje suave y cómodo.

No espero haber transmitido lo que entregan estas máquinas, pero espero haber dado un punto de vista distinto, en el que finalmente puedas entender que no se puede simplemente hablar por hablar, hay algo más allá de una cifra y de una foto.

Foto por Guillermo Zuñiga

Maserati Gran Turismo

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