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Guía de: Colo Colo

Me llamo Gustavo, vivo en la V Región, tengo 34 años y soy Ingeniero Comercial de la Universidad Católica de Valparaíso. Soltero, pero premiado con un hijo de 7 años, que es mi viva imagen. En cuanto a mi trabajo, lo hago de manera independiente, principalmente en proyectos relacionados con emprendedores, ahí hago mis tareas laborales y también un trabajo social importante ayudando a un segmento con menos oportunidades. En Guioteca además, tengo a mi cargo la sección de Lucha Libre, otra de mis pasiones.

La frase “colocolino desde la cuna”, no podría representarme más: mis primeros recuerdos tienen que ver con un televisor y con Colo Colo arreglándoselas para salir campeón. Mi teoría, es que el vocablo “Colo Colo”, resulta más fácil de repetir por un niño, que una vez teniendo uso de razón, se da cuenta que ser colocolino es lo mejor y al mismo tiempo lo peor si te gusta el fútbol: crecerás con la impronta de ser siempre Campeón, pero al mismo tiempo cuando por esas anormalidades de la vida, Colo Colo no mire hacia abajo a los rivales, será imposible de aceptar y explicar. En los 80, mi abuelo (de sangre verde caturra y el único de mi familia que amaba al fútbol como yo), por suerte no me obligó a comulgar con él y fui por primera vez a los estadios Sausalito y Playa Ancha a ver al “Eterno Campeón”.

Los ídolos alimentan los recuerdos. Colo Colo 86 (el primero que recuerdo), se movía al ritmo que marcaba desde el arco Roberto Rojas, el mejor arquero que he visto en la selección, pero extrañamente no el mejor que he visto en Colo Colo. Dicha distinción, recae en Daniel Morón, cuyo mano a mano con Batistuta en la semifinal de Copa Libertadores, da para hacer un libro. Ese equipo que se podía repetir de memoria, pese a la cantidad de cambios que tuvo durante el torneo, me enseñó que se podía llorar de alegría y que el fútbol es de las cosas más lindas del mundo.

En los 90, en campeonatos que duraban un año, el Colo fue Tricampeón, donde parecía que la leyenda del “Eterno Campeón”, no terminaría. Luego de un par de años de sufrimiento, los Espina, Sierra, Emerson, Basay y Vergara se encargaron de devolver al Cacique al primer plano nacional e internacional, de donde nunca debería salir.

Luego de la dolorosa quiebra, Colo-Colo de la mano de Claudio Borghi, fue quizás más superior que nunca, donde además la gran mayoría de los jugadores eran de casa. Pensar en Bravo, Vidal, Fernández, Valdivia, Suazo y Sánchez, es hablar de la columna vertebral de la selección en la última década.

Desde que crecí, mi visión del equipo siempre ha sido crítica, creo que siempre las cosas puedan ser mejor. No estoy a favor, ni en contra de Blanco y Negro, ni del Club Social, ya que ambos tienen virtudes y defectos.

Podrán pasar los años, pero la pasión por Colo-Colo es algo que no se apaga. Quizás la única parte de mi vida que sé que el próximo Domingo me dará una revancha del sufrimiento y que a final de año, casi seguramente, me hará salir a la calle a gritar: ¡¡¡¡Colo-Colo Campeón!!!!