Shanghai: ¿Cómo es un día cualquiera en esta frenética ciudad china?

Bastan solo un par de horas en esta ciudad para sentir el pulso acelerado y caótico, creativo y amable de esta megápolis que encanta o espanta.

6.30am , Shanghai despierta a su caos animado, y yo al mío.

Ya el sol ilumina y hay gente en las calles y parques..

Todo aquí comienza temprano.

Millones de personas se desplazan por Shanghai cada día y por todas partes: calle, vereda, autos en la calle, bicicletas en todas partes, motos por las calles y vereda, auto, metro, tren, ferri.

Shanghai

Foto: businessinsider.com

Shanghai

Yo prefiero la bicicleta y el metro para los viajes largos.  Hoy uso ambos.

7.15am salgo de casa rumbo al metro. Voy a la universidad.

Pedaleo. El caos mañanero tiene un gusto especial, una picardía.

Todos se desplazan rumbo a un destino preciso y con tiempo escaso. La ansiedad shanghainesa se respira desde temprano – y los tubos de escape también – y las motos y bicicletas son soberanas en cada esquina.

Sigo pedaleando, zigzagueante, rápido.  Paso por la “esquina de la muerte”  – Taixing Lu con Fengxian Lu– donde nadie respeta el semáforo –pedestres, autos o aquellos en dos ruedas– aprieto los dientes, miro para todos lados y cruzo entre el olor exquisito a Cai Bao (tipo pan al vapor relleno con verduras) y Jian Bing Guo Zi (como un burrito Chino).

Llego a Nanjing Road.  Me estaciono en el poste de siempre,  amarro la bici, y parto al metro.

7.45am y el metro está lleno. Lleno.

En una ciudad de mas de 20 millones de personas, el concepto de “espacio personal” cambia, disminuye. O mejor dicho, se comparte ;)

Tomo la línea 2. Lleno.  Apretado.

Viajar por esta línea y pasar por la estación de “People Square” -como estación Baquedano o Universidad de Chile en el metro de Santiago– es un colapso. Filas para entrar y subir.  El metro se detiene. Me muevo de la puerta para que la “ola” de personas no me lleve (literal y sin exagerar).

Cambio de estación en Nanjing Road East para tomar la línea 10.

Caminando por la estación me encuentro cada día con un grupo de abuelitos, gente de la 3era edad, que hace fila en un costado esperando.

Esperan en fila que lleguen las personas que reparten el diario gratis en el metro.  Lo reciben, y continúan su día. Misión cumplida.

Llego a la estación Jingwan Stadium. Camino a la universidad.

La gente corre o camina acelerada en dirección contraria para tomar el metro o un taxi.  A varios se les hace tarde.

Pienso en mi clase de hoy. Hago ajustes mentales de ultimo minuto.

Llego al campus de la universidad. Camino entre una marea de bicicletas , y otras varias estacionadas en un costado. Subo al piso 5 del edificio oeste.

Ya son 8.35am. y estoy solo en la sala de clase. Aun no llega nadie. “San Jie Ke” –tres clases- digo a través de un intercomunicador para que prendan los sistemas audiovisuales. Comienzan a llegar de a poco: “hello” , “good morning”.

8.55am. cierro la puerta. Ya están casi todos los alumnos sentados. Son mas de 70.

Asiáticos, europeos, latinos y norteamericanos. Los miro, sonrío, el corazón se me acelera y comienzo.

Así es Shanghai, cualquier día, cada día. Bastan solo un par de horas en esta ciudad para sentir el pulso acelerado y caótico, creativo y amable de esta megápolis que encanta o espanta. Aquí no existen las medias tintas.

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