Guía de: Energía y sustentabilidad

Microalgas: la alternativa a los combustibles en Chile

Frente a su alta dependencia de combustibles fósiles, Chile ha optado por desarrollar biocombustibles de segunda generación. Una de las principales cartas de este proceso son las microalgas con un enorme potencial de producción en el Norte Grande de Nuestro país.

Mucho se ha hablado de lo importante que es encontrar soluciones que nos permitan abandonar nuestra alta dependencia del diesel, cuyas reservas a nivel mundial son cada vez menores y con sus precios en constante alza.

Lamentablemente, Chile no tiene la capacidad para generar combustibles de primera generación, en base a cultivos como la soja o caña de azúcar, debido a la falta de terrenos fértiles para ellos. Por esto, distintos actores del sector han comenzado a invertir en biocombustibles de segunda generación, producidos en base a plantas no comestibles y desechos forestales, donde sí tenemos potencial.

Microalgas
Foto: Universidad de Antofagasta

La región de Antofagasta ya tiene en marcha un proyecto para producir biocombustible a partir de las microalgas.

Entre las últimas fuentes descubiertas, las microalgas ofrecen una alternativa interesante. Por medio de fotobioreactores generan  aceite, que luego es convertido en biocombustible de segunda generación, utilizado en vehículos y equipos industriales.

Chile presenta un alto potencial para desarrollar esta novedosa fuente de energía, gracias a sus extensas costas que proporcionan agua de mar, utilizada por las microalgas para producir el aceite, y a altos niveles de radiación solar, muy importantes en la generación del aceite.

Entre las principales ventajas que presentan las microalgas, encontramos un proceso de producción que dura apenas 15 días, frente a otros vegetales con etapas productivas que se extienden por seis meses. Además, estos cultivos no compiten con alimentos de ningún tipo y pueden ser desarrollados en el desierto (tierra infértil para otras especies) donde aprovechan altos niveles de radiación solar.

Pero aún hay más. Otro de los componentes que utilizan estos cultivos para la generación de aceite es el CO2 que emana de las chimeneas de fábricas y termoeléctricas, entre otros procesos, aportando en la reducción de gases de efecto invernadero (GEI).

Según expertos, con una producción de 165 millones de litros de combustible, se podrían reducir 400 mil toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera, comprobando la gran utilidad que estos cultivos podrían tener en la mitigación de gases en procesos industriales.

A fines del año pasado la, en ese entonces, subsecretaria de Energía, Jimena Bronfman, dio inicio al consorcio de Algae Fuels S.A. que contará con una inversión de $6.836 millones para desarrollar una planta piloto en Mejillones, cuya ejecución se extenderá por un plazo de cinco años.

Además del Gobierno, en esta iniciativa también participan entidades como Copec y E-CL, ambos muy interesados en la generación de biocombustibles de segunda generación. A ellos se unen las universidades que también han optado por destinar recursos al desarrollo de microalgas, destacando la Universidad de Antofagasta que lleva un par de años trabajando en el cultivo de estas especies

Expandiéndose por la región

Microalgas
Foto: El Mercurio

Chile ha invertido en estudios para desarrollar biocombustibles a partir de las microalgas.

Las ventajas que presentan las microalgas sobre otras fuentes de generación, han provocado que varios países en Latinoamérica apuesten por esta alternativa a los combustibles fósiles.

Un ejemplo de ello es Brasil, donde sus investigaciones los han llevado a detectar la alta capacidad de producción de las algas frente a otras especies, al generar 90.000 litros de aceite por hectárea al año, mientras que la soja produce apenas 500 litros por hectárea

En Argentina el desarrollo de biocombustibles de segunda generación también ha provocado gran interés. El año pasado, la empresa de ese país, Biocombustibles de Chubut, aportó una muestra de biocombustible para ser utilizado en un avión en Alemania.

En Italia, específicamente en Venecia, ya cuentan con una central eléctrica en base a microalgas, que les permite generar buena parte de la energía que necesita la ciudad.

Si bien Chile todavía se encuentra en una etapa inicial en lo que se refiere a la producción de esta fuente de energía, el altísimo potencial que ofrece el Norte grande para su masificación abre la posibilidad de que en algunos años más estemos  conduciendo vehículos alimentados por aceite de microalgas. Quién sabe, tal vez estemos frente a la gran solución para reducir los altos niveles de smog del Gran Santiago.

ComentariosDeja tu comentario ↓

Más sobre Energía y Sustentabilidad

cerrar
Te invitamos a seguirnos en Facebook.