Guía de: Espiritualidad

¿Cómo superar la apatía en nuestra vida? Tres consejos principales

La apatía está ligada al caos y a todo aquello que es lo opuesto a lo que realmente somos. Pequeñas acciones logran grandes cambios y siempre depende de nuestras propias decisiones.

La apatía, o falta de motivación personal, es una tendencia regular en nuestra sociedad moderna, principalmente en grupos de adolescentes, pero también está presente en la población adulta. Más allá de la evidencia científica que avale o confirme lo anterior, lo importante es tomarnos unos momentos para ir hacia adentro y conectarnos con esos estados que pueden ser parte de nosotros y son más comunes de lo que pensamos.

Han sentido que tienen muchos proyectos o ideas en la cabeza pero que, aún teniendo el tiempo y la capacidad para desarrollarlos, simplemente no pueden dar el primer paso? O quizás pasan largas horas pegados, dispersos, tristes y sin energía para disfrutar y dar un buen desarrollo a sus días?

Creo que muchos de nosotros hemos pasado por esos momentos, verdad? En mi experiencia personal, eso nos conecta con la tristeza y el miedo a crecer, a hacer y ser más. Muchas veces es más fácil quedarse sentados y no hacer el esfuerzo extra mientras el mundo nos pide aportar con algo valioso desde nosotros. Cuando no pasamos a la acción, quedamos estáticos y no dejamos fluir nuestra energía y creatividad; no desplegamos lo mejor de nosotros y eso se puede manifestar de diversas formas: Llevando una vida caótica, postergando una y otra vez actividades, siendo impuntuales, no cumpliendo con nuestros compromisos, entre tantas otras situaciones.

Superar apatía

Foto: Reuters

A veces enmascaramos nuestra apatía trabajando por largas horas para evitar ese espacio de vacío subyacente en nosotros y evadimos nuestro motor interior que implica la pasión y el propósito de estar vivos. Cuando desarrollamos nuestra alegría interna, no importa en qué circunstancia estemos; la dicha del ser es la que se impone y permea cada situación que nos rodea.

Por lo tanto, cuando sintamos la apatía, esa sensación de no tener dirección, de vivir por vivir y no hacer algo que de verdad nos apasione, recordemos que, en primera instancia, es necesario reconocer las emociones asociadas a esos momentos, vivirlas y realizar pequeñas acciones para atravesar ese proceso y solventar esa energía estancada en nosotros.

Traspasar la resistencia a avanzar es un trabajo constante y lo esencial es, simplemente, hacerlo. Una vez damos el paso, nos sentimos aliviados y mucho más empoderados. Algunos pasos para ayudarnos con el proceso son los siguientes:

1)    Cultivar la gratitud: Dar las gracias mentalmente cada vez que podamos nos conecta con nuestro espacio subyacente y lo nutre con alegría, disipando los pensamientos distractores y nocivos habituales.

2)    Conectarnos con nuestras pasiones: Mientras más tiempo dediquemos a descubrir y cultivar las actividades que nos brindan mayor inspiración, aunque sean muy distintas a las que habitualmente hacemos, más propósito sentiremos. A menudo, son las cosas más sencillas las que nos brindan mayores satisfacciones. Sin importar lo que diga o piense el resto, cultivémoslas para desplegar nuevos y más brillantes aspectos en nosotros.

3)    Desarrollar la disciplina: La disciplina es una forma de vida y nos puede llevar muy lejos ya que va de la mano con la excelencia en el ser y en el hacer. Es tener la intención absoluta de dar lo mejor de nosotros en cada momento, sin miedo a fallar, sino aprendiendo de cada experiencia e irnos puliendo en este camino llamado “vida”, que es muy breve. Decidirnos a hacer de la alegría y el amor a nosotros mismos nuestro motor principal es la clave.

La apatía está ligada al caos y a todo aquello que es lo opuesto a lo que realmente somos. Cuando la sintamos, abracémosla y sintámosla como un llamado de atención para dirigirnos hacia otra dirección, más fructífera y renovada. Pequeñas acciones logran grandes cambios y, por supuesto, siempre depende de nuestras propias decisiones.

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