Guía de: Espiritualidad

¿Qué podemos aprender de las tragedias?

Independiente del impacto y la cercanía con que nos lleguen las tragedias y del dolor que experimentemos, lo cierto es que envuelven profundas lecciones de crecimiento para nuestra vida.

Las tragedias y catástrofes llegan a nuestra vida con inmensa ferocidad, remeciendo todo nuestro entorno en cosa de segundos. Ellas no hacen diferencia si afectan a niños indefensos o familias completas; si se trata de personas famosas o anónimas, ricas o empobrecidas; si afectan a nuestros familiares o cercanos, sanos o enfermos, así como tampoco distinguen el momento, lugar o situación en que nos encontremos.

Todas ellas tienen, además, la capacidad de calar hondo en nuestras emociones, conectándonos con duros momentos de  angustia, tristeza  e incertidumbre y, por otro lado, haciéndonos sentir interna y externamente desprotegidos ante un panorama que nos es adverso y escapa a nuestro control.

Independiente del impacto y la cercanía con la que nos lleguen estas situaciones y del dolor que podamos experimentar, lo cierto es que, en cada una de ellas, está siempre presente la oportunidad de obtener profundas e imborrables lecciones de crecimiento para nuestra vida y que nos pueden ayudar y acompañar enormemente en todos los aspectos.

La tragedia
Foto: AFP

Hondo pesar es el que ha generado la tragedia de JuanFernández.

Ahora bien, ¿qué podemos aprender de una tragedia?

Si bien es cierto todo proceso es personal y por tanto nuestras reflexiones pueden ser diversas, comparto a continuación tres hechos fundamentales que logran trascender todas nuestras creencias e ideologías y nos otorgan un sentido de unión con cada una de ellas:

  • Nuestra fragilidad como seres humanos: Nuestra vida física como individuos es transitoria y ninguno de nosotros la puede comprar. Este es un hecho que no podemos evitar. Todos tenemos una fecha de nacimiento y de muerte en esta Tierra. Las tragedias que podamos vivenciar  hacen más mucho evidente nuestra fragilidad, lo cual constituye, más allá de todo, una invitación al recogimiento, valoración y cuidado de nosotros mismos.
  • Empatía y solidaridad: Más allá de nuestras diferencias como seres humanos, existen diversos momentos y situaciones externas que nos llaman a la unidad. En este sentido, empatizar  con el sufrimiento de otros desde un lugar de respeto, es aprender que aunque una tragedia no nos pueda afectar directamente, es algo que nos puede tocar eventualmente a cualquiera de nosotros. La solidaridad, por otra parte, nos permite salir de nosotros mismos y nos hace ver que, finalmente, son cada vez más invisibles las barreras que nos separan el uno del otro.
  • Enfocarnos en lo realmente importante: Muchas veces estamos tan sumidos en nuestras preocupaciones y actividades diarias que nos vamos perdiendo en todas esas cosas, sin prestar real atención a nuestro interior ni al valor de este momento, Muchas veces las tragedias nos traen estrepitosamente al momento presente, haciéndonos ver en qué hemos estado poniendo nuestro enfoque, y, por otro lado, en qué es lo verdaderamente importante para nosotros en última instancia.

Las tragedias pueden dejarnos éstas y tantas otras lecciones. En cada una de ellas, y desde mi experiencia personal, se encierra algo más profundo, que permanentemente busca nuestra atención; un llamado a regresar y aferrarnos a  nuestros verdaderos hogares, y que siempre está disponible para quien desee escucharlo.

A veces tenemos que pasar por este tipo de situaciones para darnos cuenta de ello. Mi pregunta, y para finalizar, a modo de reflexión para todos es la siguiente:

Qué estamos esperando?

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