El poder del perdón, una ayuda necesaria

Es necesario tener la intención de remover aquello que internamente nos genere una fuerte negatividad. El perdón nos invita a enfrentar aquello que nos genera sufrimiento para así lograr mayor libertad.

Guía de: Espiritualidad

La palabra perdón trae a menudo consigo una carga intensa y compleja, especialmente cuando somos nosotros quienes tenemos que ponerla en práctica.

A lo largo de nuestra vida, diversos acontecimientos van moldeando y trazando nuestro camino en la medida que logramos separar lo importante de lo que no lo es, cerrar ciclos y, a través de distintos niveles de acciones de perdón, seguir adelante.

Muchas veces, debido a lo dolorosas que pueden llegar a ser algunas de nuestras experiencias, simplemente no somos capaces de perdonar, y lo que hacemos en vez de ello es alimentar el resentimiento y hacerlo parte de nuestra energía habitual, o bien omitir y no enfrentar aquello que nos ha marcado, dando vuelta la página como si nada hubiese pasado.

Perdonar

Foto: Internet

En lo personal, puedo comprender a quienes no son capaces de perdonar, inicialmente. Existen vivencias tan chocantes para un ser humano que pueden anular o entorpecer cualquier intento de reflexión en torno a ellas. Pero el tiempo nos va llenando de lecciones y nos brinda -en la medida que lo permitamos- la capacidad de ir suavizando y transformando esas experiencias en algo un poco más positivo.

Para ser libres

Si queremos realmente ser libres, es necesario tener la intención de remover aquello que internamente nos genere una fuerte negatividad hacia otras personas, lo cual incide directamente en nosotros mismos. El perdón, en mi experiencia, es, en este sentido, la capacidad de aceptar la debilidad del ser humano y la capacidad de cometer errores, propios o ajenos; enfrentar aquello que nos genera sufrimiento y poder sublimarlo para lograr un mayor grado de tranquilidad, sentido y perspectiva de las cosas.

Un paso fundamental en este proceso es comenzar pidiendo perdón a nosotros mismos por nuestras propias acciones y por todas las veces que permanecimos en una postura de víctimas, sin haber dado el paso para salir adelante. Es duro enfrentarse a nuestros propios desaciertos, tanto para con nosotros como para con otras personas a las que pudimos haber dañado en diversos momentos. Pedir perdón cada vez que sea necesario nos engrandece como personas, ya que nos invita a enfrentar nuestro error, aprender la lección y comprometernos a no incurrir en lo mismo para nuestro crecimiento. Y, finalmente, perdonar completa este círculo. Si bien es cierto no implica olvidar las experiencias desafortunadas, sí constituye una prueba de fortaleza para que internamente ya no quede la carga de esos momentos, aceptando que no podemos volver atrás y permitir, por tanto, abrirnos a nuevas experiencias que se nos presentan día a día para conocer, compartir y aprender.

Desarrollar e integrar el perdón es una de nuestras máximas pruebas de integridad personal. El camino para lograrlo nace y termina siempre en nosotros. De nosotros depende qué camino tomar.

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