Guía de: Espiritualidad

La importancia del compromiso y la dedicación en nuestro día a día

Completar lo que empezamos, cerrar ciclos de la mejor manera y cultivar nuestra claridad e impecabilidad nos llevan a disipar el caos y traer calma y claridad a nuestro mundo.

Cada vez que nos embarcamos en algún proyecto personal o un nuevo objetivo -no importando cuán grande o pequeño pueda parecer- es muy importante imprimirle un alto grado de compromiso, dedicación y propósito para su buen desarrollo y cumplimiento.

Comprometernos con aquello en lo que ponemos nuestra imagen, nuestro nombre y energía es fundamental, Una vez asumimos nuevos desafíos, esto debiese convertirse en nuestra tarea principal, ya que entra en juego nuestro sentido de responsabilidad y el uso coherente y generoso de nuestros dones y talentos.

La falta de compromiso en nuestra vida es sinónimo de caos y, desde mi experiencia, es, en esencia, solamente miedo disfrazado de distintas formas: Miedo a fracasar, a explorar aspectos desconocidos en nosotros y a ser más. Es aquí cuando comienzan a aflorar la falta de claridad, la tendencia a “dejar para mañana lo que podemos dejar para pasado mañana”, el desgano y la falta de dirección, entre otras variantes nocivas para nuestra integridad personal.

Compromiso dedicación

Foto: Internet

Dejar de lado nuestra conciencia de pequeñez y desarrollar nuestra disciplina interna es todo un arte y una manera de educar a nuestro yo interno. Ser impecables y correctos en el cumplimiento de nuestras actividades es un camino altamente recomendado a seguir, en el cual pueden presentarse en momentos algunos altos y bajos -que son comprensibles dentro de nuestro dinamismo cotidiano- pero sin perder de vista nuestro enfoque principal. Si no encontramos inspiración en nosotros, al menos tratemos de hacerlo por quienes depositan en nosotros su confianza y expectativas.

Las siguientes acciones pueden ayudarnos a comprender más todo lo anterior:

1). Tomar responsabilidad:

Tomar responsabilidad es adquirir conciencia de la grandeza de quienes somos, del lugar en donde estamos y de la necesidad de tomar el control de nuestros propios actos prestigiándolos lo más posible. El verdadero compromiso comienza siempre con nosotros; por tanto, para poder recibir más y mejores cosas, debemos partir por casa.

2). Dar el esfuerzo extra:

Esforzarnos un poco más e ir más allá de lo que habitualmente tenemos planificado fortalece nuestra energía interna y nos brinda una gran sensación de plenitud y satisfacción. Nos damos cuenta de que tenemos una capacidad de dar mucho más grande de la que imaginamos. La dedicación, la preocupación por los detalles y dar lo mejor de nosotros –y más- es un excelente hábito a cultivar.

3). Distribuir inteligentemente nuestras actividades.

¿Cuántas veces nos quejamos de que no tenemos tiempo y no podemos dedicar horas a las actividades más importantes? Aquí se hace presente un ejercicio de conciencia a realizar que tiene que ver con nuestra tendencia a querer abarcar demasiadas cosas, sin comprometernos demasiado con ninguna, y con nuestra verdadera noción de distribución del tiempo. En este sentido, aprender a decir que no y reorganizar nuestras tareas priorizando las más fundamentales nos permite imprimir la dedicación que merece cada una de  las acciones que dependen de nosotros.

La importancia del compromiso y la dedicación es un aspecto esencial en nuestro cotidiano. Completar lo que empezamos, cerrar ciclos de la mejor manera y cultivar nuestra claridad e impecabilidad en cada una de nuestras esferas de acción nos llevan a disipar el caos y traer calma y claridad a nuestro mundo. El momento para hacernos cargo es, siempre, ahora.

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