Meteorito ruso: Las certezas y dudas que dejó

Hoy tenemos más preguntas que certezas sobre lo ocurrido con el meteorito en Rusia. Las interrogantes emergen de la especulación, pero son igualmente validas y preocupantes.

Según los últimos antecedes entregados por la NASA, el meteorito denominado científicamente como un “bólido”, cuya poderosa onda de choque golpeó la provincia de Chelyabinsk en Rusia, a las 03:20:26 UTC del pasado viernes 15 de febrero, pudo haber tenido originalmente, previo a su ingreso en la atmósfera terrestre, unos 15 a 17 metros de diámetro y una masa de 7 a 10 mil toneladas.

Bólido Rusia
Agencias

Bólido estallando en la atmósfera.

La roca espacial causó un extenso daño en más de 3.700 edificios residenciales, de seis localidades distintas, principalmente, el estallido masivo de ventanas, dejando una superficie total de cristales rotos que alcanzó los 200.000 metros cuadrados e hiriendo a unas 1200 personas.

Luego de surcar la atmosfera terrestre a una velocidad de 18 kilómetros por segundo, por unos 32.5 segundos, el bólido se desintegró en un colosal estallido, que fue capturado en los receptores de 11 de las 45 estaciones de seguimiento, situadas en 35 países (la primera grabación del evento se registró en Alaska, a más de 6.500 kilómetros de Chelyabinsk), estimándose que el estallido principal fue a unos 20 o 30 kilómetros de altura, liberando una energía de 500 kilotones, decenas de veces superior a la bomba atómica de Hiroshima (la Little Boy de 12,5 Kt.)

Actualmente existe la certeza que el bólido ruso no tuvo relación alguna con el asteroide 2012 DA14, cuyo paso cercano a nuestro planeta fue coincidentemente el mismo día y pudo ser visto en directo desde diversos centros de observación astronómica.

Zona afectada bólido Rusia
NASA

Zona afectada por el estallido del bólido en Rusia.

Horas después de ocurrido el incidente, y aun conmocionados, los sistemas de emergencia rusos se desplegaron para definir posibles zonas de impacto de fragmentos del meteorito principal, recuperando solo pequeños trozos de algunos centímetros. Expertos del Ministerio Ruso de Emergencias, han buscado infructuosamente fragmentos mayores del bólido en el lago Chebarkul, cerca de Cheliábinsk.

Cráter en el hielo
Agencias

Presunto cráter en el hielo dejado por un fragmento del bólido.

Preguntas razonables

Frente a lo inesperado del incidente en Rusia, es valido cuestionarnos sobre asuntos que seguramente han llamado la atención de la comunidad científica desde hace mucho, pero que no han sido prioridad en los círculos políticos, militares, ni mucho menos en el ciudadano medio.

El propio Vladímir Putin evidenció la indefensión de Rusia (cuna de la exploración espacial) y del planeta en su conjunto frente a un evento que podemos catalogar como traumático. En definitiva, podemos cuestionar la valides de los sistemas de alerta temprana actuales y la posibilidad cierta de desarrollar sistemas capaces de detectar en un plazo prudente estos cuerpos menores, cuya pequeña envergadura nos llevó a menospreciar su potencial impacto y amenaza.

Cuantos de nosotros nos hemos preguntado, ¿qué hubiera pasado si la explosión hubiera sido unos cuantos kilómetros más cerca de la superficie? o ¿qué habría ocurrido si el bólido se hubiera precipitado sobre una ciudad mucho más poblada y plena en edificaciones de altura?

Rusos incrédulos

Algunos políticos en Rusia atribuyeron el impacto -ya sea por ignorancia o simple interés- a la supuesta prueba de un arma experimental estadounidense. Incluso, algunas grabaciones presentaron las expresiones de los impactados habitantes de las localidades afectadas, quienes en un principio y aun en estado de pánico, creyeron estar frente a un ejercicio militar o un ataque nuclear de proporciones. ¿Qué habría pasado entonces si este evento se hubiera desarrollado sobre la capital de Corea del Norte o Irán? ¿Cómo podemos evitar que un evento natural de este tipo genere dudas conducentes a un conflicto militar?

En definitiva, estamos frente a un nuevo escenario, y la duda es si aprenderemos de este evento, sacando de aquello valiosas lecciones sobre nuestra vulnerabilidad o simplemente lo dejaremos en el olvido, como ya ocurrió con el evento de Tunguska en 1908 o el incidente menor en los cielos de Iquique el año recién pasado.

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