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Los “Piscinazos” que incendiaron el Festival de Viña

Qué mejor que despedir el certamen músico-farandulero repasando los chapuzones de las reinas que dejaron en llamas a la piscina del Hotel O’Higgins.

El chapuzón de Valeria Ortega en el Hotel O’Higgins difícilmente hará olvidar los osados piscinazos de anteriores reinas del Festival de Viña.

Piscinazo Valeria Ortega

Foto: UPI

Valeria Ortega realizó el tradicional piscinazo de la reina del Festival de Viña no sin antes realizar un acalorado show con bailarines.

El primer lugar, sin lugar a dudas, lo sigue teniendo Andrea Dellacasa. En febrero de 2011, los organizadores del certamen y, sobre todo, la alcaldesa de la Ciudad Jardín, Virginia Reginato, destacaban a la monarca argentina por seguir la senda marcada por Catherine Fulop (2009) y Carolina Arregui (2010), que le dieron elegancia y un poco más de recato al concurso tras los escándalos que envolvieron la elección de la colombiana Pilar Ruiz (2008).

Pero todo eso quedó en nada cuando la ex de Gonzalo Egas apareció frente a las cámaras para cumplir con la tradición. Los reporteros aplaudieron con algo de desgano al verla en un bikini amarillo: nada muy novedoso de lo que se había visto antes.

Sin embargo, nadie esperaba que también se despojara del traje de baño, para quedar sus partes más íntimas tapadas sólo con tres pequeños adhesivos plateados. La vedette sorprendió  todos, incluso a “SQP” le bajó el pudor y no emitió en directo toda la performance.

“No sé qué más se puede hacer, yo llegué al límite, más sería caer en lo vulgar. Mi piscinazo es insuperable, todo lo que venga será más recatado”, señaló Dellacasa antes de entregar la corona este año.

El segundo lugar es para Carolina “Pampita” Ardohain. Más que por voluptuosidad,  la argentina pasó por Viña en su mejor momento como top model mundial. Pudimos apreciar, en un bikini negro, su estilizada figura: nada le faltaba ni nada estaba demás. Ese día la piscina del O’Higgins se convirtió en una pasarela.

Ok, antes de que me reten, sí, el tercer lugar es para Luciana Salazar. La vedette fue un torbellino aquel verano. Ni siquiera dijo “hola” cuando ya se estaba sacando la ropa. Su problema fue que en la campaña por la corona se destapó tanto, que llegado la hora del chapuzón, tenía poco que mostrar. No pocos reporteros le reclamaron por no realizar un toples como lo había prometido. “Luly” usó un peto con las banderas de Chile y Argentina, pero ni aún así logró calmar las ansias de los reporteros criollos y extranjeros.

Menciones honrosas para Catherine Fulop, por su derrière de infarto, y para Kenita Larraín, en cuyo reinado festivalero aún no tenía problemas con el sobrepeso y las cirugías plásticas (tampoco con sus novios).

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