Gabriel Valdés: La extraña visita a sus hijos después de morir

Los tres hijos de quien fuera uno de los grandes arquitectos de la transición política aseguran que fueron visitados en Roma, Santiago y Valdivia, por un ave, la presunta encarnación del alma de su padre.

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Gabriel Valdés Subercaseaux fue un actor de fuste en la historia política chilena del siglo XX. El que fuera canciller del gobierno de Eduardo Frei Montalva y presidente del Senado entre 1990 y 1996 no sólo dejó una honda huella en su amado Partido Demócrata Cristiano, sino que también en la propia ciudadanía e incluso entre sus adversarios políticos.

Por ello, cuando Valdés, a quien apodaban “El Conde” por su innegable estampa aristocrática, falleció el pasado 7 de septiembre, a la edad de 92 años, los lamentos se multiplicaron en todo el espectro político. “Debió haber sido Presidente de Chile”, fue la frase más recurrente que se escuchó en sus exequias.

Sin embargo, después de su muerte, Gastón Soublette, cuñado del ex canciller, reveló un episodio muy extraño que afectó a Juan Gabriel, Max y María Gracia Valdés, los tres hijos del connotado político DC. “Todos ellos vivieron una experiencia insólita, la cual con sólo diferencias de tiempo y lugar, constituye psicológicamente hablando, un mismo fenómeno”, explicó.

La misteriosa visita de los pájaros

Gabriel Valdés

Foto: Héctor Yáñez

Gabriel Valdés no sólo fue abogado, académico, diplomático y político. También fue un consumado amante de la naturaleza.

Max Valdés, conocido director de orquesta, cuenta que días después del funeral de su padre se encontraba dirigiendo un concierto en el Vaticano cuando, repentinamente, un pájaro se plantó frente a él, mirándolo fijamente. “Pese al sonido estruendoso de la orquesta en la sala grande de las audiencias del Vaticano, el pájaro no volaba y no me quitaba la vista de encima. Costó bastante que se fuera. Yo pensé, legítimamente, que aquello era una especie de símbolo porque fue ciertamente inusual que aquello sucediera”.

Mientras tanto en Santiago

Mientras aquello acontecía en Roma, en Santiago, María Gracia Valdés se encontraba en su oficina de la Estación Mapocho, conversando con una compañera de trabajo. En ese momento un pájaro muy parecido a un gorrión entró repentinamente, se paró en una cornisa, la miró durante un largo rato, pió, dio un salto, se paró en el escritorio frente a ella y luego salió volando. “En ese período yo estaba extremadamente sensible y sentí que era el alma de mi padre, quien por lo demás era un gran amante de la naturaleza. Además, unos días antes yo había hablado con mi madre, Silvia, que me había dicho que ella necesitaba una señal para saber que mi padre estaba bien”.

Lo que ni María Gracia ni Max Valdés sabían era que otro pájaro se aprestaba a visitar a Juan Gabriel Valdés, quien en ese momento se encontraba en Valdivia junto a su esposa. “Teníamos la casa completamente cerrada. En la mañana nos levantamos y de repente vimos un pájaro dentro de la casa. Estuvimos tratando de sacar ese pájaro y era imposible. Llamé a mi madre y le conté: “Hemos pasado la mañana entera tratando de sacar un pájaro”. Ella me dijo: “No le puedo creer. Usted no sabe lo que le pasó a la María Gracia: Se le paró un pájaro encima del escritorio, caminó sin ningún temor, y costó bastante que se fuera”. Mi hermana lo había interpretado como una especie de señal. Este episodio de los pájaros es una linda historia, pero que yo hubiera preferido que no se hiciera pública porque se prestó para que muchos espíritus dotados de un cinismo ilustrado publicaran escritos burlones de muy mal gusto”, explica el diplomático chileno, quien fuera embajador en Roma en el gobierno de Michelle Bachelet,.

Con respecto al significado de la visita de los pájaros a sus tres sobrinos, Gastón Soublette aventura la siguiente teoría: “Siempre quedará un amplio margen de misterio sobre lo que ocurre de inmediato a quien deja de ser un habitante de este mundo. Es mejor pensar que el difunto, de algún modo y por algún tiempo, no se aleja del ámbito en que viven sus seres queridos y les da muestra de su proximidad y afecto. Además, por otra parte, en muchas culturas antiguas persistía la creencia de que el alma de los seres humanos abandonaban este mundo en forma de ave, animal considerado desde siempre como un arquetipo o símbolo de la libertad”.

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