Guía de: Fenómenos Paranormales

Posesiones demoníacas: cuando el mal se apodera del cuerpo

Definido como el control de las acciones del cuerpo de un ser humano por parte de un demonio, las posesiones han sido combatidas desde hace siglos por la Iglesia Católica a través de exorcismos.

Las referencias más antiguas de posesiones demoníacas datan de la civilización sumeria, que creía que la mayoría de las enfermedades del cuerpo y de la mente eran causadas por «demonios de la enfermedad». Los antiguos egipcios, en tanto, también practicaban ritos para protegerse de las potencias maléficas que podían intentar hacerles daño, tanto en este mundo material como en el mundo que comenzaba más allá de la muerte.

Desde el punto de vista religioso, se denomina posesión demoníaca a un tipo de trastorno del comportamiento, causado por el apoderamiento del espíritu del hombre por otro espíritu, generalmente uno o más demonios. Estas entidades obrarían en la persona poseída como un agente interno y unido con él.

Posesiones Demoníacas

Foto: Blogs

En la tradición cristiana existen múltiples menciones a posesiones y exorcismos. En el evangelio de San Mateo, Marcos y Lucas, por ejemplo, se menciona que Jesús, al llegar a la región de los gerasenos, se encontró con un furioso hombre endemoniado que mantenía aterrorizada a toda la comarca y al que nadie podía sujetar, ni siquiera con cadenas. El hombre, al verlo desde lejos, le gritó: “¿Qué hay entre tú y nosotros, Jesús de Nazareth, hijo del Altísimo. Te conjuro por Dios que no me atormentes”. Jesús, antes de confrontarlo, le preguntó al demonio su nombre, a lo que éste respondió: “Mi nombre es legión, pues somos muchos”. Jesús entonces le ordenó: “Espíritu impuro, sal de ese hombre”,  los demonios que habitaban en el hombre entonces fueron enviados a una piara de cerdos que se encontraba en las cercanías, “que se arrojaron al mar por un precipicio y murieron en las aguas”. En Mateo 7:21-23 se explica también que “muchos expulsarán demonios en el nombre de Jesús”.

Un protocolo

Muchas religiones tienen un protocolo para distinguir una posesión demoníaca de otro tipo de patologías de carácter no espiritual. En el caso de la religión católica, sólo se procede al ritual del exorcismo una vez que los psiquiatras han estudiado el caso y que se ha constatado que la persona poseída afectado cumple ciertos “requisitos”. Estos requisitos incluyen memoria o personalidad «borrada», convulsiones, respiración agónica, aversión a lo sagrado y aparición de enfermedades sin causa aparente; acceso a conocimientos sobre sucesos distantes y ocultos (gnosis) y a lenguajes extranjeros (glosolalia) o hablar y entender lenguas desconocidas por el sujeto; cambios drásticos en la entonación vocal y en la estructura facial; aparición repentina de lesiones (arañazos, punciones y diferentes marcas), cicatrices “espontáneas” y sansonismo o fuerza desproporcionada.

Las posesiones demoníacas constituyen uno de los tantos fenómenos paranormales que han intrigado al ser humano desde el principio de los tiempos. La Medicina, por su parte, lo considera sólo un transtorno disociativo de la histeria, bautizándolo simplemente como «demoniopatía» o «demoniomanía».

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