Vampiros: ¿Son sólo un simple mito?

Estas siniestras criaturas, que forman parte del panteón demoníaco y horroroso de muchos países, han estado presentes desde siempre en nuestro inconsciente colectivo gracias al influjo del cine y la literatura. Pero ¿Existieron alguna vez o existen en la actualidad?

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Un vampiro puede ser definido como una criatura que se alimenta de la esencia vital de otros seres vivos (en este caso sangre) para así mantenerse activo. En la cultura occidental, así como en la cultura global contemporánea, el paradigma de vampiro más conocido es el de origen eslavo, vale decir el de un ser humano convertido después de morir en un cadáver activo que depreda a sus víctimas en busca de sangre.

La palabra “vampiro”, que comenzó a ser usada en Europa en el siglo XVIII, etimológicamente procede de la voz serbia “wampir” (wam = sangre, pir = monstruo), y designa al muerto que, de acuerdo con diversas leyendas de la Europa Central, regresa a alimentarse con la sangre –y a veces carne- de los seres que en vida estuvieron más próximos a él. De tal raíz surgen las siguientes denominaciones: Vampire en inglés, vampiro en español, vampyr en holandés; wampior o upior en polaco y upir en eslovaco.

Las referencias a criaturas o seres con características vampíricas en el pasado más remoto son parte del folclore y de los mitos en casi todas las civilizaciones, desde Sumeria, Egipto y Grecia hasta las culturas indoamericanas (el mismo pueblo mapuche tiene entre sus creencias la existencia de un ser vampírico conocido como el “pihuychen”, que atacaría a animales y seres humanos).

Vampiros

Foto: Blogs

El mito del vampiro se popularizó en Europa después del siglo XVII, en parte por la necesidad de explicar, en medio de una ambiente de pánico colectivo, las epidemias causadas por enfermedades reales que asolaron a muchos países europeos.

“El temor a los vampiros, especialmente en Europa Oriental y Central, solía coincidir con brotes de tuberculosis o de peste. En el siglo XIX la tuberculosis acabó con familias enteras en Nueva Inglaterra. Los supersticiosos pensaban que el primero en morir se alimentaba de los demás miembros supervivientes de su familia”, explicó Mark Collins Jenkins, historiador americano y experto en el tema vampírico.

Casos documentados de vampirismo

Pero, pese a la explicación anterior, lo cierto es que todavía se conservan numerosas crónicas y documentos oficiales de esa época que atestiguan supuestos casos de “nosferatus” o “vurdalaks”, verdaderos muertos en vida, que asolaron pueblos y localidades rurales de Alemania, Serbia, Rumania, Checoslovaquia, Rusia y Ucrania para succionar la sangre de los vivos. Sin ir más lejos, después de que Austria obtuvo el control de parte de Serbia y Oltenia con el tratado de Passarowitz, en 1718, los funcionarios oficiales reportaron numerosas prácticas locales “de exhumar cuerpos y matar vampiros”.

En esa misma época los vampiros empiezan a ser parte de mitos y leyendas relacionados con personajes reales (como el cruel príncipe rumano Vlad Tepes, mejor conocido como “Vlad el empalador”, quien inspiró la novela “Drácula”), o con sucesos e identidades míticas con algún trasfondo real.

Los casos de vampirismo que se fueron acumulando por entonces y el mito que se creó a su alrededor, ameritó que incluso el vocablo fuera incluido en la prestigiosa y famosa Enciclopedia, de los autores franceses Diderot y D’alembert, con la siguiente definición: “Vampiro: nombre que se le ha dado a pretendidos demonios que succionan durante la noche la sangre de cuerpos vivos y la llevan a cadáveres en los que puede verse la sangre salir de la boca, nariz y los oídos”.

Con el paso de los siglos y pese al advenimiento de la ciencia en desmedro de la superstición, los reportes de supuestos ataques de vampiros no cesaron. Célebre es el caso del vampiro del cementerio de Highgate, quien aterrorizó el suburbio londinense del mismo nombre a finales de la década de 1960.

Este vampiro con características sobrenaturales, que según el reporte de decenas de testigos tenía unos “hipnóticos ojos rojos”, habría cobrado varias víctimas humanas antes de ser finalmente destruido gracias a la intervención de autodenominados cazadores de vampiros, quienes incluso llegaron a organizar una espectacular cacería la noche del 13 de marzo de 1970, cuando decenas de curiosos y ocultistas, armados con martillos y estacas, invadieron el cementerio en busca del supuesto chupasangre. Lo curioso es que en el 2005 diversos tabloides británicos informaron que varios vigilantes del mismo camposanto aseguraron haber visto una misteriosa y terrorífica figura, de gran altura y ataviado con largos y oscuros ropajes, merodeando por el mismo lugar.

Figura terrorífica y fascinante

Actualmente, la figura del vampiro tiene dos aristas: por un lado está considerada como una criatura terrorífica y espeluzante, pero por otra ejerce un indudable influjo fascinador. Mark Collins explica que “los libros y las películas son los responsables de la actual fascinación por los vampiros. Desde principios del siglo XIX la leyenda se ha ido transformando en amores prohibidos. Resulta emocionante traspasar la línea y enamorarse de un vampiro, o ser seducido por uno. Sin embargo, no encontramos nada de esto en las historias tradicionales, que son de mucho horror. La creencia por los vampiros persiste por el temor a la muerte. Por el mismo motivo por el que, en el fondo, la gente teme a los fantasmas”.

El antropólogo italiano Matteo Borrini, quien logró notoriedad hace un tiempo al descubrir en una fosa común de Venecia el antiguo cadáver de un supuesto vampiro, concluye que el vampirismo ejerce mucha atracción entre la gente porque “conecta dos aspectos muy humanos: la muerte y la sangre. La muerte es nuestro destino inevitable, la sangre el líquido de la vida. Los vampiros conectan ambos aspectos de una forma peculiar: un cadáver que escapa a la muerte bebiendo sangre”.

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