Guía de: Kinesiología

Qué hacer cuando tenemos líquido en la rodilla

La presencia de líquido en la rodilla es un signo muy común de inflamación. Conoce por qué ocurre y qué debes hacer para revertir la situación.

En la práctica clínica vemos a diario este signo. La rodilla aumenta de tamaño y en ocasiones se “hincha” tanto que llega a ser impresionante para el paciente. Generalmente se acompaña de aumento de temperatura y dolor. Esto se conoce como derrame articular y significa que la articulación se llena de líquido sinovial.

El líquido sinovial está presente en la mayoría de las articulaciones del cuerpo. Es decir, existe en condiciones normales. Su función más importante es mantener lubricada la articulación, evitando así el roce excesivo entre las diferentes  estructuras.

Por qué entonces una rodilla puede aumentar tanto de tamaño si es normal que tengamos líquido adentro. Lo que ocurre es que ante un traumatismo o ante un estrés mantenido en el tiempo, el mecanismo normal de producción y absorción de este líquido se altera. La producción es mucho mayor y no se reabsorbe normalmente. Entonces va ocupando gran parte del espacio articular.

Líquido rodilla
Foto: EFE

La acumulación de líquido en las rodillas puede producir dolor.

Además de los signos visibles el paciente puede sentir dolor y sensación de inestabilidad. Como hay mucho líquido la rótula se separa de su posición habitual y queda como flotando. De hecho el signo del rebote rotuliano es el examen físico de elección para evaluar la cuantía del derrame.

Generalmente los derrames son la consecuencia directa de un traumatismo. Una caída o un golpe pueden provocar la lesión de alguna de las tantas estructuras que componen la rodilla. Los esguinces y las lesiones meniscales son los más comunes. Los esguinces se caracterizan por generar mayor derrame. Una lesión meniscal puede incluso no producir derrame.

Las personas con lesiones crónicas de rodilla, tienen siempre cierto grado de derrame. Quizás este derrame no es visible para el común de las personas, pero para el ojo experto si lo es. Las condromalacias y en general las lesiones cartilaginosas entran en este grupo. Son paciente con un historial largo de dolor que suelen tener inestabilidad y atrofia muscular asociada.

Después de una cirugía en la rodilla también queda un derrame, aunque en este caso la reabsorción del líquido suele ser más rápida. Una intervención quirúrgica supone siempre un estrés para la rodilla y por ende responde con este derrame como mecanismo defensivo.

Ante la presencia de un derrame lo mejor es consultar. Así conoces porque se te produjo el derrame. Recuerda que un derrame puede instaurarse lentamente debido a una condición patológica de base de tu rodilla sin que exista necesariamente un trauma directo en la articulación.

En cualquiera de los casos lo mejor es ir al Kinesiólogo, tenemos muchas técnicas que facilitan la reabsorción del derrame. Además favorecemos el trabajo muscular para así desarrollar musculatura que te ayudará a mantener tu rodilla estable y fuerte. Esto además, hace que instintivamente disminuya la producción excesiva de líquido sinovial. Como yo siempre le digo a mis pacientes la rodilla siente y sabe que la están cuidando, por lo tanto sus mecanismos comienzan a normalizarse. Si el manejo kinésico no resulta en tu caso, debes consultarlo con tu traumatólogo. Lo más probable es que te haga una punción articular para extraer el líquido.

Las medidas caseras que ayudan mucho ante esta situación es el manejo RICE. Es decir reposo, hielo, compresión y elevación. Suerte y no olvides consultar tu caso.

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