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¿Besará el “choro” Emilio Hernández la camiseta del cacique?

El ya polémico jugador intenta siempre salirse con la suya, dueño de la pelota en la cancha y de las críticas fuera de ella.

Guía de: La U

Cómo ha cambiado –y no sé si para mejor- el fútbol, hoy en día una camiseta con historia, gloriosa y con medio país que sueña con ella puede ser dejada de lado por un futbolista como Emilio Hernández, quién debe buena parte de su formación al chuncho.

Emilio, a quién a estas alturas se le podría apodar “el gitano”, acaba de llegar a acuerdo con el archirrival de la U pues en su personalista mundo cabe ir a jugar a la máxima contra que tiene la U, provocando el repudio unánime de la hinchada azul.

Choro Emilio

Foto: Álvaro Durán

Si alguna duda cabía que el choro Emilio juega exclusivamente para él y nada más que para él la acaba de develar con su incorporación a la plantilla que antes debería haberlo motivado a jugar con absolutamente todo un clásico, sin embargo.  ahora nos preguntamos: ¿Dio todo por la U jugando contra los albos?

En su segundo retorno a la U después de pasos sin demasiada gloria personal, por Cruz Azul y Argentinos Juniors, forjando una amistad con la banca -ratificada en la U para saltar de ella sólo como alternativa- no mostró en las oportunidades que tuvo en un plantel competitivo los méritos para aspirar a un contrato importante y a extender su permanencia bajos las alas llenas de afecto azul que prodiga el chuncho.

Su forma de jugar, personalista al extremo, está en las antípodas de lo que comulgan técnicos como Sampaoli: juego colectivo y ágil. Emilio siempre juega su pichanga personal deleitándose en un previsible uno contra uno que indefectiblemente termina con la pérdida del balón y en una contra del rival con espacios la que si lleva mucho peligro.

Un jugador que se farreó el buen momento de la U de comienzos del 2012, pues de haber jugado mejor entonces tal vez pensaría en un contrato importante en el exterior en vez de ir a Colo Colo donde cada vez es más cercana la posibilidad de cesación de pagos. En el Monumental no hay dinero para grandes contratos, sí lo hay para cosas acotadas y económicas, como las que consume el cacique hoy.

Emilio Hernández llegó a Macul de yapa por Vecchio, pues es un jugador barato y accesible para el muy modesto cacique de hoy.

Seguramente tendrá un par de sábados de gloria con tantos afortunados y cuando se caigan todos los defensas o el arquero regale el gol, lo último que jugó en la U fue lamentable, errado y frustrante.

Debe seguir jugando en equipos chicos y de modestas aspiraciones que estén cortos de plantel y donde no haya que luchar por el puesto con extranjeros de nivel o seleccionados nacionales, allí destaca y logra jugar semana a semana hasta que su torpeza lo llame a recibir la tarjeta roja, esa con que varias veces nos brindó como parte de sus extraños y cuestionables aportes en la cancha, suspensión que además le da un par de semanas relajadas de “entrenamientos”.

Otrora, cuando el jugador que traicionaba sus colores enfrentaba a su ex club recibía de inmediato tres o cuatro entradas muy fuertes y pedía el aliviador cambio, el que también aplacaba las intensas y molestas pullas del público, en cambio hoy en el saludo inicial abundarán los besos, las sonrisas cómplices y una marca hasta complaciente durante el partido.

En este caso me quedo con los tiempos antiguos sin ninguna duda.

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