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Guía de: La U

No recuerdo exactamente cuando comencé a querer a la U, pero debe haber sido allá en el segundo lustro de los sesenta, cuando mis primeras lecturas, después de aprender a leer con el libro “Silabario”, fueron en las tardes de miércoles en casa con la revista “Estadio” de cúbito abdominal, vistiendo pantalón escolar o cortito en el piso y con las manos en el imberbe mentón, leyendo como zurdo comenzando por el final de la histórica y descontinuada publicación, buscando la caricatura y  chiste en tres viñetas de “Cachupín”, para después comprender las anécdotas de la fecha en las “Migajas” de Jumar” escritas por el recordado Julio Martínez.

Luego, seguir rápidamente por las notas más rigurosas de “Aver”, su Director de entonces, Antonino Vera, llegando ¡por fin! a la tabla de posiciones de la Primera División de la entonces Asociación Central de Futbol (ACF), tranquilizando mi virgen corazón de niño al ver al chuncho primero, así, nada menos, “”, ubicación que me cuadraba con los resúmenes de la transmisión radial del domingo anterior cuando esperaba la lectura de los resultados donde siempre los goles de la U eran uno o varios, más que los del rival de la jornada.

Después, ya calmada mi ansiedad, ubicar la crónica del partido de la semana donde, entre otras imágenes imborrables, estaba la clásica foto de Carlos Campos celebrando uno del par de goles a los que nos tenía acostumbrados, con la boca llena de gol y ambas manos abiertas y alzadas, alabando la conquista.

Después, la suerte cambió y mucho, el chuncho se alejó de los primeros lugares, tres años seguidos decimotercer lugar, para volver a ser animador en las liguillas de finales de los años setenta y comienzos de los ochenta.

Siempre siguiendo a la U, entregando casi toda la mesada por ingresar a un clásico, faltazo al matrimonio de la cuñada por una segunda fecha de la liguilla por el segundo cupo a la Libertadores, con dolor azul como cuando nos fuimos al descenso para volver recargados de buen fútbol y preparar el equipo para recibir al más grande ídolo azul, el irrepetible Marcelo Salas Melinao, el matador y los muy buenos equipos que entonces tuvimos y que terminaron con ¡25 años sin salir campeón!, dejando atrás años secos de gloria para dejarnos la panza y el alma llena de buen fútbol, goles y emoción, como la que fuimos a buscar al desierto chileno en una aventura que espero relatar algún día en el espacio que nos brinda Guioteca.com que acoge la pasión por el chuncho, una cápsula del tiempo azul.

El paso del tiempo hace madurar y serenar el sentimiento azul en la mayoría de los casos, en otros mantiene la locura y ansiedad de la cuenta regresiva del horario de inicio de un partido, controlar la hora vespertina en día de semana para salir disparado tantas veces rumbo a Santa Laura o el Nacional, llegar corriendo a la boletería, hacer la fila o pagar sin regatear la onerosa reventa, ingresar y tentarse con la palta, el pernil y el pebre si hay tiempo, llegar algunos valiosos minutos atrasado y buscar un lugarcito donde ver el partido, pasión que hoy en día también legítimamente significa llegar sobre la hora a la casa del amigo o a la shopería o, por último, con mucha humildad y anónimamente, pero con orgullo, pararse frente a la tienda o fuera del local sin las monedas para el bienestar azul, y hacer lo mismo: ver el partido, sufrir o gozar cargando a casa la ilusión de chuncho.

Nuestro amor por la U es enorme como el firmamento o el mar y en estas páginas, con la incondicionalidad de un adolescente, continuaremos engrandeciéndolo. Con emoción, entre todos.