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Guía de: La U

¿Por qué ese gran festejo del choro Emilio contra la U?

La dulce revancha del jugador marcando el quinto gol contra la camiseta que antes besada por él pueden interrumpir permanentemente sus regresos al bulla.

Uno que ya se había marchado con amargura desde el riñón azul era Emilio Hernández, luego de retornar desde Argentina y dueño de su pase regresó el 2010 a su club formador para completar plantel entonces bajo las exigentes órdenes de Jorge Sampaoli.

Después de seis meses entrenando en el CDA de La Cisterna, el balance para el “choro Emilio” no lo podía dejar conforme: participando en apenas siete partidos y en otros tres en Copa Libertadores, entrando como titular solamente en tres de ellos y jugando en promedio menos de cuarenta minutos por partido, anotó un escuálido gol y sí recibió dos tarjetas rojas. Debajo de la raya el saldo indicaba que Hernández estaba al debe y en la dirigencia azul tampoco podía haber satisfacción sobre el rendimiento del delantero externo.

Emilio Hernández
Foto: Héctor Flores
En la cancha, las veces que tuvo minutos importantes su producción fue escasa: siempre jugó para su lucimiento, llenando de enganches las jugadas frente al área rival, amontonando rivales en torno a él, permitiendo el retroceso ordenado del rival y finalmente perdiendo el balón. Intentar jugar así en un equipo que hizo del juego a uno o dos toques una escuela era lo mismo que escuchar sentado al técnico con el portátil en la mano y hacer la suya en la cancha.

Su venganza

Este fin de semana en Santa Laura el “choro Emilio” tuvo su revancha, la claridad y ritmo que pocas veces se le vio con la U en su pectoral izquierdo, coronó una buena actuación con un veloz contragolpe –luego de una asistencia de Vecchio- y un gol que iguala toda su producción del semestre anterior.

No pasó desapercibido el loco festejo del choro Emilio dibujando la U con su recorrido frente a la airada banca azul, solamente le faltó colgarse del alambrado del viejo Santa Laura para ofrendar su gol a una hinchada que ahora está contenta con él.

Si bien está en todo su derecho celebrar goles que seguramente necesitaba con ansias, se olvidó de todo lo que vivió en la U desde sus tiempos de formación como jugador y seguramente le va a costar pasar piola la próxima vez que su individualismo en su forma de jugar le pase la cuenta y quede libre otra vez. Si su representante llama o se acerca al CDA probablemente recibirá respuestas dilatorias como un tibio “veámoslo”, “estamos bajos en presupuesto” o cualquier otra cosa diferente a un rotundo: “Sí, Emilio, esta es tu casa”.

Mejor dicho la que era su casa, ahora cobijado por el rojo en Plaza Chacabuco, como a Olarra, el Negro Pinto o Spedaletti, ahora el choro buscará encantar a otra hinchada, una mucho más chica que la del León Azul.

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