Diario de invierno, las confesiones de Paul Auster

Diario de Invierno es un recorrido de Paul Auster por su vida. Con una narración nostálgica y emotiva, el autor nos invita a conocer detalles de su vida, que lo llevan a explicarse a él mismo la persona que es hoy.

Guía de: Literatura Contemporánea

Paul Auster es, sobre todas las cosas un contador de historias. Su larga trayectoria como escritor, nos ha enriquecido a nosotros, sus lectores, con variados títulos en los que siempre nos demuestra que lo suyo es contar historias, y lo hace bien, muy bien.

En Diario de Invierno (Anagrama) la historia que nos cuenta es la historia de su vida que, con 65 años comienza a sentir la llegada de su propio invierno, por lo que no es casual, creo, que la nieve esté presente en muchos de sus recuerdos presentes en el libro.

Paul Auster habla de todo, no tiene pudores, y tampoco rencores. Esta sabia revisión de su vida, narrada en segunda persona, donde se dirige a un tú que es él mismo genera una narración evocativa y muy emotiva, sin tonos de reproche sino todo lo contrario, una voz melancólica que reconoce recordar acentuando lo positivo por sobre lo adverso.

Diario de invierno

Foto: Anagrama

Si bien la narración es fragmentada, y no obedece a un orden cronológico propiamente tal, de todos modos Auster mantiene una estructura, la estructura del recuerdo, de lo vivido. El libro comienza con lo más esperable de un recuento de su vida, como es la niñez, luego las temáticas comienzan a dispersarse en cuanto al orden cronológico en que ocurren las cosas.

El tono del relato es siempre ameno, comprensivo y nostálgico, cuando habla de sus hábitos con el cigarro y el alcohol, si bien los nombra como “inmundos hábitos”, no se reprocha ni tampoco se mortifica, simplemente lo acepta como una “muletilla necesaria para enfrentar ciertas carencias”. El cristal con el que Auster revisa su vida en Diario de Invierno demuestra el paso del tiempo, lo que lo convierte en una persona asumida de la vida que ha vivido.

Dentro del repaso de historias de su vida, sus enfermedades, y la muerte de su madre marcan en él un antes y un después, el sufrimiento, los ataques de pánico, y el darse cuenta que su cuerpo ya no tiene la salud ni la energía que tenía antes, más que frustrarlo lo engrandece, lo hace seguir adelante de una manera distinta, más calmada y también más sabia.

La escritura, la poesía, París y las películas, todo lo que gira en torno a la vida intelectual de Auster está incluido de una manera cercana, privada, no como el escritor que dicta cátedra sobre cómo escribir, todo lo contrario, Auster comparte sus procesos internos desde la intimidad, sin darle importancia a los millones de libros que ha escrito.

Como en todo repaso por la vida, Auster no olvida incluir en Diario de Invierno también distintas anécdotas, entretenidas y que nos demuestran que él es tan humano como cualquiera de nosotros, con las mismas necesidades y también curiosidades, procesos y descubrimientos. Sus experiencias amorosas, ilusiones y desilusiones, su familia y el cuidado de ella, los temores que lo visitan como fantasmas del pasado y el temor de la muerte.

En uno de sus recuerdos de infancia, de golpes y cicatrices, Auster escribe: “La cicatriz se ha ido haciendo cada vez más tenue con el paso de los años, pero sigue ahí siempre que la miras, y llevarás ese emblema de buena suerte hasta que te vayas con la tumba“. Auster se muestra orgulloso de sus dolores y sus marcas, se hace cargo de sus errores y sus miedos, que lo acompañarán hasta el último de sus días.

Diario de Invierno es, sin lugar a dudas, un regalo de Auster para nosotros, es el espejo de su vida,  la fragilidad de su mirada, sus cuestionamientos, que son los que nos haremos todos llegado cierto día, que nos hacen reflexionar en lo que somos. Un libro sincero, profundo, emotivo y entretenido. Simplemente imperdible.

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