Guía de: Literatura Contemporánea

La edad de hierro, novela y denuncia de J.M. Coetzee

Enferma y sola, una mujer jubilada vive sus últimos días lejos de su hija, a quien le oculta que el cáncer se ha apoderado de su cuerpo, para que no regrese a Sudáfrica y sea testigo de los horrores que ocurren en su país.

J.M Coetzee, escritor sudafricano nacido en 1940y que actualmente vive en Australia, ganó el año 2003 el Premio Nobel de Literatura. En La edad de hierro Coetzee indaga en la problemática interior de la señora Curren, protagonista y narradora de esta historia. El mismo día que la señora Curren es informada que su cáncer óseo ha seguido avanzando, por lo que queda prácticamente desahuciada, esperando la muerte, conoce al señor Vercueil, un vagabundo que se refugia del frío en el callejón de su casa. La señora Curren, aun impactada por la noticia médica, deja que este vagabundo se cobije del frío en su casa, comenzando una relación de extraña dependencia entre los dos.

Coetzee
Foto: Guioteca
Lo que nosotros leemos es la carta que la señora Curren decide escribir a su hija que vive en Estados Unidos, carta que, una vez fallecida la señora Curren,  el señor Vercueil debe enviar por correo. La señora Curren, una mujer mayor, profesora de latín jubilada, debe confiar en este desconocido, para que haga llegar esta larga carta a su hija, en la que le explica lo que está viviendo, sus sufrimientos, y las ganas que tiene de estar con ella, pero prefiere callar la enfermedad y su diagnóstico, para así no hacer romper a su hija la promesa de no volver nunca a Sudáfrica.

Así, la señora Culler comparte su casa con este vagabundo en quien debe confiar, hombre al que Florence, la mujer que ayuda con la limpieza de la casa, ve con malos ojos y mucha desconfianza. La casa se convierte en una especie de hogar de refugiados, ya que además del señor Vercueil, llegan a la casa Bheki, el hijo mayor de Florence y John, un amigo de éste, ya que no van al colegio porque fue incendiado y Florence prefiere tener a su hijo a la vista para que no se meta en problemas. A la señora Curren le cuesta entender esta infancia que no es como lo era antes, como lo fue la de ella o la de su hija, creando fuertes roces entre ella y Florence.

En plena época del apartheid, Coetzee nos introduce en esta dura realidad, bajo la mirada de una mujer mayor y enferma, que está acotumbrada a mirar al pasado, tratando de explicarse lo que ocurre actualmente bajo la comparación de tiempos pasados que ella vivió en su juventud. La violencia, la muerte y la injusticia son incomprensibles para esta mujer, que sólo a través de dolorosas vivencias, llega a comprender la dura realidad del apartheid. Niños que pierden la infancia, que deben salir a luchar arriesgando sus vidas, como Bheki, que es asesinado a los quince años. La señora Curren ve con sus propios el cuerpo sin vida del joven, a quien conoció de niño y siempre le tuvo mucho cariño. Esta situación la marca y le demuestra en sus propios ojos la verdadera situación de Sudáfrica, intensificando la depresión que ya acarreaba debido a su enfermedad.

Mientras ocurren estos hechos, el estado de salud de la señora Curren sigue empeorando, y la relación que mantiene con el señoer Vercueil, aquel vagabundo al que le abrió las puertas de su casa se vuelve cada vez más cercana. Es así, como en medio de este desolador paisaje de injusticias y violencia, y de una enfermedad que no da tregua, Coetzee nos presenta esta relación, que no es de amistad ni de amor, que es simplemente el reflejo de la necesidad de dos personas solas de tener a alguien que los acompañe.

Realidad oculta

Coetzee nos muestra una realidad que muchas veces preferimos no ver, no saber, y al igual que la señora Curren nos enteramos de una realidad oculta y triste, de la voz de la minoría, la voz de los más débiles.La edad de hierro es una novela triste y poco esperanzadora que nos muestra el dolor de la soledad, la enfermedad y la injusticia.

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