Guía de: Los 80

El atentado contra Pinochet que casi cambia la historia de Chile

En 1986, un grupo de combatientes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez intentó asesinar al general en el Cajón del Maipo. La acción dejó un saldo de 5 escoltas muertos y 11 heridos.

En 1986 el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), grupo guerrillero de doctrina marxista-leninista, había decidido que ese año sería “el decisivo en la lucha contra la dictadura” de Augusto Pinochet. Bajo esa premisa comenzó a preparar concienzudamente un atentado contra el entonces Presidente de la República, en la denominada “Operación Siglo XX”, que estaría a cargo de José Valenzuela Levi, también conocido como el comandante Ernesto.

Foto: Archivos
Una vez que se formó un grupo operativo de hombres, liderados por Valenzuela Levi y Cecilia Magni (conocida también como la comandante Tamara), se comenzó a planificar el atentado. Gracias al entrenamiento militar que habían recibido en la isla de Cuba y al armamento soviético de grueso calibre que el Frente estaba ingresando por el sector de Carrizal Bajo, el Frente seleccionó con pinzas a la veintena de militantes que participarían en el atentado.

Pero una cosa estaba clara. El atentado se realizaría en la tarde del 31 de agosto en la cuesta de Las Achupallas, en el sector de El cajón del Maipo, ubicado en la precordillera santiaguina, lugar donde Pinochet pasaba todos los fines de semana, acompañado siempre de una nutrida escolta militar, después de descansar en su casa del sector montañoso de El Melocotón.

El lugar del atentado fue cuidadosamente escogido. Al costado norte, detrás de un cerro, se parapetarían los atacantes. La caravana de Pinochet, debido a los escollos geográficos,  tendría mucha dificultad para responder al fuego enemigo y también para retirarse, por cuanto al sur había un profundo barranco y la gente del Frente pensaba poner vehículos pesados en la carretera para bloquear cualquier salida.

La comandante Tamara, acompañada del frentista César Bunster, hijo de un ex diplomático de Salvador Allende, arrendaron una casona en los alrededores para alojar a la totalidad del equipo y conseguir los vehículos necesarios.

Sin embargo, un hecho fortuito alteró los planes. El sábado 30 de agosto falleció el ex presidente Jorge Alessandri, lo que obligó al general Pinochet a regresar intempestivamente de El Melocotón a Santiago durante la madrugada. Los frentistas, entonces, se trasladaron a la localidad cordillera de San Alfonso, donde permanecieron una semana más, haciéndose pasar por seminaristas de una orden religiosa.

El atentado

En la tarde del domingo 7 de septiembre, dos mujeres frentistas que se encontraban en el pueblo de San José de Maipo le informaron al comandante Ernesto que la caravana del general Augusto Pinochet acababa de pasar rumbo a Santiago.

Los atacantes, premunidos de 16 fusiles M-16, 10 lanzacohetes M72 LAW, 1 fusil, una subametralladora y un número indeterminado de granadas caseras, se dirigieron a la cuesta de Las Achupallas. A las 18.35 hrs. cuando la comitiva de Pinochet llegó al sector del atentado, los frentistas obstruyeron el tránsito con un automóvil que llevaba acoplada una casa rodante. En ese momento sus compañeros apostados en los cerros comenzaron el ataque.

La comitiva recibió un nutrido fuego de fusilería. Los escoltas de Pinochet, que no podían comunicarse con otras unidades cercanas debido al silencio radial que provocaba el abrupto y cordillerano paisaje, intentaron repeler los disparos, pero los atacantes estaban muy bien parapetados.

Foto: Archivos

El primer Mercedes Benz blindado (el otro terminaría destruido), donde viajaban el general Pinochet y su nieto, giró de inmediato para regresar a El Melocotón, pero recibió un impacto de un lanzacohetes M72 LAW que finalmente no estalló, debido a que fue disparado desde muy corta distancia. “Mi primera reacción fue escapar, pero como iba con mi nieto de 10 años opté por cubrir su cuerpo con el mío. Pensé que jamás iba a salir de allí con vida”, opinaría posteriormente el propio general Pinochet, quien agregó que su nieto Rodrigo originalmente iba a viajar en un vehículo civil de la escolta (y que resultó totalmente destruido), pero por indicación de su esposa Lucía subió juntó a él en el vehículo blindado.

El automóvil de Pinochet, finalmente, logró escapar del lugar mientras cesaba el intercambio de disparos. El atentado había durado seis minutos y había arrojado un saldo de 5 escoltas presidenciales muertos y 11 uniformados heridos.

Una vez que cesó el ataque, los frentistas, convencidos que habían matado a Pinochet, abandonaron el lugar rumbo a Santiago colocando balizas en sus autos y asomando sus armas por las ventanas para hacerse pasar por agentes de seguridad. Así, lograron sortear varias patrullas policiales que estaban en el camino.

Las represalias

Después del atentado el Gobierno Militar declaró el estado de sitio y detuvo a varios políticos opositores (como Ricardo Lagos, Patricio Hales y Germán Correa). Álvaro Corbalán, uno de los jefes operativos más temidos de la CNI, la policía secreta de Pinochet, les dijo escuetamente a sus subordinados: “El Cóndor tiene hambre”, lo que significaba que había que capturar y “neutralizar” de inmediato a otros líderes opositores de menor exposición pública, en represalia por los escoltas muertos.

Después de esa jornada represiva, cuatro dirigentes opositores fueron encontrados muertos al día siguiente, entre ellos el periodista de la revista Análisis José Carrasco, quien fue fusilado en uno de los muros del Parque del Recuerdo. En la autopsia que se le practicó después se evidenció que había recibido 12 disparos en el tórax y uno en el pie.

Foto: Archivos
Un mes más tarde fueron detenidos la mayoría de los frentistas involucrados. En junio de 1987, Valenzuela Levi, junto a otros 11 frentistas, murió acribillado a manos de fuerzas de seguridad en la denominada “Operación Albania”. Y a fines de 1988, la comandante Tamara, días después de atentado al retén policial de Los Queñes, apareció flotando en las aguas del río Tinguiririca, con evidentes señales de haber sido torturada.

Del resto de los frentistas detenidos, la gran mayoría logró escapar de la ex cárcel pública durante la fuga de 1990, siendo posteriormente indultados. Mauricio Hernández Norambuena, quien se fugó en helicóptero de la cárcel de alta seguridad de Santiago, permanece recluido en la actualidad en una cárcel brasileña (por el delito de secuestro) y es el único miembro del Frente que participó en el atentado que se encuentra actualmente recluido.

Veinticindo 25 años después del “frustrado tiranicidio” (según los detractores de Pinochet), César Bunster, quien jamás fue detenido, explicó que “no me arrepiento de nada porque nuestra intención fue terminar con la dictadura. Pensábamos que sacando de la cúspide a Augusto Pinochet terminaría todo el infierno que estábamos viviendo, viendo cómo mes a mes más gente era asesinada. Queríamos acelerar la llegada de la democracia, pero sinceramente no sé si hubiera pasado así si se hubiese concretado el atentado“.

Atentado a Pinochet

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