Guía de: Los 80

Explosión del Challenger: Una tragedia que enlutó la carrera espacial

En 1986, cuando el transbordador espacial llevaba apenas 73 segundos en los cielos, se convirtió en una bola de fuego y estalló antes los ojos atónitos de todo el mundo.

El Challenger, después del Columbia, fue el segundo transbordador espacial norteamericano del tipo orbitador en volar al espacio. Su primer vuelo lo había realizado el 4 de abril de 1983 y hasta principios de 1986 había cumplido exitosamente nueve misiones.

El Challenger, al igual que los orbitadores construidos después de éste, tenía menos losetas en su sistema de protección térmica que el Columbia, lo que le permitió transportar 1100 kg más de carga útil que esta última nave.

Gracias a esa modificación, el Challenger se convirtió en la “bestia de carga espacial” oficial de la flota de transbordadores de la NASA, volando en más misiones por año que su predecesor.

Explosión Challenger

Foto: Agencias

El accidente

El 28 de enero de 1986 estaba programado un nuevo despegue del Challenger para que emprendiera la misión STS-51-L, la décima operación del orbitador. Como siempre, todos los ojos del mundo científico estaban puestos en Estados Unidos para presenciar el vistoso lanzamiento que, pese ser ya casi rutinario, no dejaba de ser espectacular.

Sin embargo, las cosas comenzaron mal desde el principio. A los pocos segundos del despegue, el cohete impulsor comenzó a fallar, abriendo algunas juntas del estanque de combustible, dejando escapar un humo negro y haciendo que la nave cabeceara antes de impulsarse.

A los 58 segundos de vuelo, el Challenger pasó por un momento de inestabilidad (o momento Q) cuando cruzó por una fuerte corriente de viento. Las juntas abiertas, que se habían cerrado momentáneamente por las volutas de aluminio contenidas en el combustible, volvieron a abrirse.

Una columna de fuego entonces se escapó y comenzó a quemar el hidrógeno líquido del tanque de combustible externo. Con el fuego propagándose rápidamente, la nave quedó expuesta a fuerzas aerodinámicas incontroladas.

A los 73 segundos del momento del despegue, cuando el Challenger ya estaba convertido en una gigantesca bola de fuego, la nave se desintegró casi en su totalidad, matando de paso a sus siete tripulantes, entre ellos la maestra de primaria Christa McAuliffe, quien iba a viajar al espacio gracias a una iniciativa del presidente Ronald Reagan, que permitía la incorporación de civiles a los programas espaciales.

La noticia, que fue transmitida por televisión a todos los rincones del orbe, causó consternación en todo el mundo. El accidente, el más impactante del Programa del Transbordador Espacial, perjudicó además seriamente la reputación de la NASA como agencia espacial.

La misma NASA, que había estimado las probabilidades de un accidente catastrófico durante el lanzamiento (el momento más crucial y peligroso del viaje espacial) en una proporción de 1 a 438, debió de hecho suspender temporalmente sus vuelos espaciales hasta 1988.

Una investigación posterior concluyó que el accidente había sido causado por una suma de elementos, entre los que se contaban factores técnicos, climáticos y humanos. Si la misión STS-51-L hubiese sido exitosa, la siguiente misión del transbordador habría sido el despliegue de la sonda Ulises con el Centaur, para el estudio de las regiones polares del Sol.

El transbordador Challenger, el primero que hizo despegues y aterrizajes nocturnos, fue señero porque marcó varios hitos en el vuelo espacial. Llevó al espacio en 1983 a la primera mujer estadounidense (Sally Ride) y el primer afroamericano (Guion Bluford), además de desarrollar tres misiones Spacelaby el primer paseo autónomo en el espacio.

Desgraciadamente, también fue pionero al convertirse en el primer transbordador en ser destruido en un accidente durante el desarrollo de una misión.

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