La convulsionada visita del Papa Juan Pablo II a Chile

En abril de 1987, por primera y única vez en la historia, un Sumo Pontífice llegó a nuestro país. En sus seis días de estadía ocurrieron muchas cosas, como un cuestionado episodio con Augusto Pinochet.

Guía de: Los 80

En julio de 1985, los obispos chilenos habían enviado una carta dirigida a Juan Pablo II para invitarlo a nuestro país. Tres meses después, llegó la positiva respuesta del Sumo Pontífice, anunciando un viaje para el primer trimestre de 1987.

El Papa, en su viaje apostólico número 33, llegó a Santiago el 1 de abril de 1987, en un viaje que no estuvo exento de polémicas, sobre todo tomando en cuenta que nuestro país estaba bajo un gobierno militar.

Tras bajarse del avión, arrodillarse y besar tierra chilena, su primera actividad consistió en una reunión con sacerdotes y diáconos en la catedral de Santiago, para luego reunirse con pastores de las distintas iglesias cristianas y el Gran Rabino de Chile.

Luego visitó en privado la Vicaría de la Solidaridad, donde se reunió con los funcionarios y las víctimas de la represión política en el país. Y desde la catedral se dirigió a la capilla del cerro San Cristóbal, lugar donde bendijo a Santiago y dirigió un mensaje a todo el país.

En la mañana del jueves 2 de abril, el Papa se reunió con el presidente Augusto Pinochet en el palacio de La Moneda. La conversación entre ambos debía durar 10 minutos, pero al final hablaron 42. Se cuenta que en la entrevista, Pinochet le habría preguntado al Papa: “¿Por qué la Iglesia siempre está hablando acerca de la democracia? Para mí, en buenas cuentas, un método de gobierno es tan bueno como otro“. El pontífice le respondió con tono cortés, pero firme; “No. La gente tiene derecho a gozar de sus libertades, aún si comete errores en el ejercicio de ellas“.

El engaño de Pinochet

Tras esta conversación ocurrió un hecho que los propios allegados al Papa calificaron de “engaño” y “estratagema”. El cardenal Roberto Tucci, quien durante años fue el organizador de los viajes papales, reveló posteriormente que cuando se preparó el viaje de Juan Pablo II a Chile se acordó con las autoridades chilenas, “por precisa disposición del Papa”, que éste no se asomaría junto a Pinochet a saludar a la gente desde el balcón de la Casa de la Moneda.

Karol Wojtyla era muy crítico con el dictador chileno y no quería aparecer junto a él. Durante la reunión privada que mantuvieron el Papa y Pinochet en La Moneda, el séquito papal fue acomodado en una salita anexa, por lo que nosotros no quitábamos ojo a la que se suponía la única puerta que unía las dos salas. Sin embargo, en una acción estudiada, hicieron salir al Papa por otra puerta. Pasaron delante de una gran cortina negra, que estaba cerrada y Pinochet, según me contó después el Papa, furioso, le detuvo para enseñarle una cosa. La cortina se abrió de golpe y el Pontífice se encontró ante un balcón abierto, que daba a la plaza, llena de gente. Juan Pablo II no pudo hacer otra cosa que ponerse al lado de Pinochet. Cuando se despidió de él lo fulminó con la mirada”, recuerda Tucci.

Después de este polémico encuentro Juan Pablo II se dirigió a la popular población La Bandera, en la comuna de San Ramón, donde se reunió con miles de pobladores. Allí escuchó los testimonios del obrero Mario Mejías, torturado recientemente por la policía, y el de una mujer que denunció abiertamente los vejámenes que recibían los pobladores de parte de los organismos de seguridad del Estado. El Papa abrazó a ambos con afecto (posteriormente la casa del obrero fue allanada, y él fue detenido) En este encuentro el Papa compartió una taza de té y un pan amasado, la comida habitual de los sectores populares en Chile, y bendijo los panes que llevaban los presentes.

En la noche de ese día el Papa se reunió con los jóvenes en el Estadio Nacional, “lugar de competiciones, pero también del dolor y sufrimiento“, refiriéndose a las detenciones ocurridas en ese lugar después del golpe de estado de 1973. Sobre el césped del Estadio, el Papa trazó la señal de la cruz, “para que desde aquí brote la paz y la reconciliación“. Durante la liturgia, el Papa, señalando con la mano una imagen de Jesucristo ubicada en el marcador del Estadio, dijo su famosa frase: “No tengáis miedo, ¡de mirarlo a Él!”.

En ese encuentro ocurrió uno de los pocos momentos “humorísticos” de su visita. Cuando el Papa, al interrogar a los jóvenes sobre la castidad y la abstinencia sexual hasta el matrimonio, les preguntó derechamente si renunciaban al sexo. De inmediato se escuchó un rotundo “no” por parte de los asistentes. El Papa enseguida aclaró: “cuando pido que renuncien al sexo, lo digo en cuanto éste se transforma en el enemigo que destruye al amor“, ganándose un aplauso cerrado por parte de los jóvenes.

Incidentes en el Parque O-Higgins

El viernes 3 de abril fue un día cargado de actividades para el Papa. El Pontífice beatificó a Santa Teresa de Los Andes, celebró una ceremonia en el Templo Votivo de Maipú y oró ante la tumba del Padre Hurtado en el Hogar de Cristo, lugar donde abrazó a Carmen Gloria Quintana, una joven que había sido cruelmente quemada por una patrulla militar durante una jornada de protesta contra el régimen de Pinochet.

En la tarde el Papa celebró una eucaristía en la elipse del Parque O’Higgins, haciendo un llamado a los chilenos a restablecer la democracia y concretar una pronta reconciliación nacional. “Chile tiene vocación de entendimiento, no de enfrentamiento“, fueron sus palabras. Sin embargo, en la elipse se originaron graves disturbios cuando un grupo de manifestantes contrarios al régimen militar que se encontraban entre el público presente se enfrentó con la policía. Debido a la violenta refriega la ceremonia debió ser suspendida durante varios minutos, mientras las cadenas de televisión chilenas que emitían el evento interrumpían sus transmisiones. Pese a que la organización del evento quiso retirar a Juan Pablo II del lugar por razones de seguridad, el Pontífice decidió quedarse mostrando en todo momento una gran serenidad. De ese modo se pudo continuar con la ceremonia, que fue cerrada con la célebre frase “El Amor es más fuerte”, considerada por todos como un símbolo para la reconciliación de Chile.

Entre el 4 y el 6 de abril el Papa visitó Punta Arenas, Puerto Montt, Concepción, Temuco, La Serena, Coquimbo y Antofagasta. Desde esta última ciudad, Juan Pablo II abandonó el país para continuar su viaje apostólico rumbo a Argentina. 25 años más tarde, su visita se sigue considerando histórica y un símbolo de paz y esperanza para un país que al año siguiente comenzaría lentamente a reconciliarse consigo mismo.

Himno Mensajero de la vida

Fue tanta la expectación y revuelo que convocó la visita del Papá Juan Pablo II, que el himno escrito por Eugenio Rengifo e interpretado por Los Huasos de Algarrobal “Mensajero de la vida” se transformó rápidamente en un suceso, que fue incluso alabado por propio pontífice en una reunión sostenida tiempo después en El Vaticano.

Más sobre Los 80

ComentariosDeja tu comentario ↓
cerrar
Te invitamos a seguirnos en Facebook.