Guía de: Los 80

“Trauko”: La revista que rompió con los esquemas morales

La publicación que salió a la venta a fines del gobierno militar no pasó inadvertida para el moralista ambiente de la época. Fue acusada de herética y pornográfica.

A mediados de la década del 80’, el panorama de las revistas de historietas en nuestro país no era nada prometedor. Algunos fanzines artesanales y aislados y heroicos intentos por lanzar revistas de cómics no lograron consolidar una industria que, décadas atrás, era todo un ejemplo a seguir en América Latina. Pero, en 1988, el mismo año del histórico plebiscito que pondría fin al régimen militar, ocurrió un hecho capital. Los españoles Pedro Bueno y Antonio Arroyo (que venían espoleados por los aires iconoclastas de la movida española), más la redactora y diseñadora argentina Inés Bagú, lanzaron al mercado chileno el primer número de una revista de cómics bautizada como “Trauko”.

La revista no pasó inadvertida. Al contrario, llamó de inmediato la atención por su novedad, frescura y desfachatez. En sus primeros números podía apreciarse el trabajo de muchos dibujantes europeos de renombre, con autores como el francés Moebius, los italianos Hugo Pratt (con su famoso personaje Corto Maltés) y Milo Manara y los españoles Sánchez y Abulí, responsables de la genial saga del sicario italoamericano “Torpedo”.  Pese a ello,  algunos desconocidos autores chilenos comenzaron a aparecer tímidamente en la revista “Trauko”, creando personajes que se volverían en auténticos iconos para el público chileno.

Trauko

Uno de los más notables y queridos fue el personaje de “Checho López”, creado por el irónico dibujante Martín Ramírez. López, el típico chileno de clase media baja y ahogado por las deudas. En el primer capítulo aparece trabajando en una oficina y viviendo en una casa en la comuna de La Florida, para después perder su trabajo y matrimonio y caer en el alcoholismo, viviendo toda clase de pellejerías. Pese a todo, López fue especialmente apreciado por los lectores.

Gracias a su humor y estoicismo y la botella de tinto que no le faltaba nunca, López se metía en problema tras problema. De antología, por ejemplo, son los capítulos del episodio “Canazo”, donde por culpa de su ebriedad es acusado por error de protagonizar un lanzazo, terminando en la temida penitenciaría de Santiago. Allí se enemista con un trío de invertidos que quiere abusar sexualmente de él y de un “choro” que lo quiere matar con estoques (por perder una pelota de baby fútbol), pero logra salvar su integridad al huir entre las galerías y llegar accidentalmente al pabellón donde están los presos políticos.

También destacó el dibujante Karto, con sus dibujos de “Amarillo Flipper” y los poéticos episodios de “Una triste historia de Luna Azul”, que retrataba el amor imposible entre una actriz porno española y un joven estudiante chileno de la U. de Chile al que los carabineros dejan impotente tras golpearlo en una protesta; Karto también fue el padre de “Kiky Bananas”, una bella,  sexualizada y liberal modelo.

La revista también vio el nacimiento de “Blondi”, una violenta y rapada mujer policía creada por el dibujante Lautaro Parra que era de armas tomar en un Santiago futurista casi apocalíptico. También destacó por su calidad el trabajo del dibujante Yo-Yo, quien dio vida a un puñado de muy buenas historietas, entre las que destacó “Santiago tiene Playa”, donde nuestra ciudad aparece con una playa sólo para ricos y sufriendo una espantosa sequía, y “Tíos de acero”, que retrataba la vida de unos niños marginales, en un crudo retrato de la violencia habitual que reinaba en las calles más pobres de la capital.

La revista pronto adquirió un estilo propio. Sus portadas no dejaban de llamar la atención en los kioscos y algunas veces los números eran ofrecidos dentro de plásticos oscuros, de modo que a simple vista no se podían ver los dibujos de mujeres desnudas o las simbólicas ilustraciones que se burlaban del inmovilismo social de la época.

Atentado incendiario y cárcel

La edición Nº 8 de la revista marcó un antes y un después en la historia de la publicación.  La historieta “Si una desconocida te ofrece una flor…”, en la que un carabinero, abusando de su poder, se lleva a la cama a una adolescente vendedora de flores, causó mucha molestia en los altos mandos de la época. En agosto de 1989, desconocidos incendiaron la imprenta donde se elaboraba la revista, por lo que la edición No 16 jamás salió a la calle. La revista cayó definitivamente en desgracia por culpa de la historieta “Afrod y Ziako en: Noche güena”, publicada en el Nº 19, protagonizada por dos insolentes gatos y que entregó una herética visión del nacimiento de Jesús. La edición fue requisada y los editores y autores fueron a dar a la cárcel por unos días, lo que aumentó todavía más la popularidad de la revista.

Otras historietas bastante subidas de tono, pero de altísima calidad artística, como la saga de “Clic”, del dibujante Milo Manara, donde se mostraba los ataques de ninfomanía que sufría una pudorosa y bella mujer de alta sociedad a la que le implantan un supuesto aparato en el cerebro para desatar su líbido, y que se activaba por medio de un pequeño aparato que se manejaba a distancia, dieron aún más razones para que los implacables censores locales estigmatizaran públicamente a la publicación.

Después de mucho batallar contra la corriente la revista lanzó su último número (el 38) en 1991. El cineasta Rodrigo Araya, quien contó la historia de la mítica publicación en su documental “El Tótem de los desavenidos”, cuenta que “sus editores, los españoles Pedro Bueno y Antonio Arroyo, pensaban que con el advenimiento de la democracia aquí se gestaría una especia de movida española a la chilena, y en la cual ellos y la revista serían la punta de flecha. Pero nada de eso pasó y, al contrario, sólo tuvieron problemas con la moralista sociedad chilena. Al final cumplieron su ciclo y nunca tuvieron mucho éxito económico. Así que se fueron tal como llegaron, muy silenciosamente”.

Ahora, a más de 20 años de su desaparición, la revista “Trauko” pervive como un grato recuerdo para muchos nostálgicos, como un verdadero símbolo de aire fresco y artístico rupturismo, en medio del inmovilismo del Chile moralista de los ochentas. Sus 38 números, muchos de los cuales todavía pueden encontrarse a la venta en lugares como el Persa Bío Bío, son considerados en la actualidad como oro puro para los coleccionistas.

Teaser del documental

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