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Guía de: Los 90

No se si existe un especialista en la década de los 90, pero estuve ahí y la disfruté al máximo. Tenía 20 años cuando se inició y 31 cuando concluyó. En ese tiempo egresé de la universidad, tuve mis primeros pitutos por unos pocos pesos, comencé a trabajar en serio, recorrí todo Chile, viajé a muchos destinos fuera del país y me sumergí en la increíble vida nocturna santiaguina que se arriesgaba con osadas propuestas.

Como periodista de profesión, me fui especializando en prensa escrita con el oficio de todos los días, lo que sumado a mi excesiva curiosidad me convirtió en un testigo presencial de un sinfín de fenómenos noventeros. Yo llamo “período bisagra” al comprendido entre el año 90 y el 2000, ya que transitamos casi sin darnos cuenta desde la idea aventurada al producto rústico. Fue la génesis de la sofisticación de todo lo que hoy existe en el mercado, Google incluido.

A modo de aperitivo, cómo olvidar el surgimiento de bandas trascendentales como La ley, Los Tres y Lucybell; la llegada del cable, la adicción a MTV y a las primeras series por temporada; las alucinantes primera imágenes del Hubble; los teléfonos celulares del tamaño de un ladrillo; el gol de Marcelo Salas en Wembley; la proliferación de Internet y del correo electrónico, definitivamente las herramientas tecnológicas que cambiaron para siempre el modo de comunicarnos y de trabajar.

Fui un voraz consumidor de noticias. Esta práctica me permitió ver y analizar grandes eventos e innumerables cambios políticos, económicos y culturales de fin de siglo. Luego de trabajar en importantes diarios y revistas a nivel nacional, me dediqué a la literatura, oficio que agudizó mi afán investigativo, me abrió más la mente y me posibilitó explorar nuevos rumbos creativos. De esa época quedan mis libros de relatos y un par de novelas publicadas. Hoy, cuando estoy de lleno en el área de las comunicaciones, la vida me presenta un nuevo desafío: ser columnista de Guioteca. Frente a ello, me he propuesto escribir y disfrutar gracias al soporte de mi propio disco duro que almacena tantos recuerdos.

Quiero sentir como fluye la tinta, se unen las palabras y discurre el “verseo”. Y todo con un propósito, brindarles textos que los trasladen en el tiempo para hacerlos vivir dos décadas en el pasado como si fuese el momento presente. Vamos queridos lectores, súbanse a este vehículo volador y viajemos.