Comprar maquillaje: una experiencia tipo pesadilla

La atención que brindan las marcas a las clientas va de mal en peor, por lo tanto la experiencia termina siendo una pesadilla que no queremos volver a repetir.

Guía de: Maquillaje

Seamos honestas: comprar maquillaje no es fácil. No se trata de que sea una ciencia oculta para la que hay estar preparadas, no. Se trata de que la atención que brindan las marcas a las clientas va de mal en peor, por lo tanto la experiencia termina siendo una pesadilla que no queremos volver a repetir.

Piensa en todas las veces en que te has ido de una tienda porque nadie te atendió. En todas las veces en que compraste un producto que te quedaba mal debido a que no pudiste zafarte de la insistencia de la vendedora. Acuérdate de la última vez en que te sentiste cómoda y bien atendida en un counter de maquillaje. Seguramente esta última pregunta te cueste un poco más.

Comprar maquillaje

Foto: El Mercurio

Es la marca la que debe hacerse responsable de que la experiencia de compra sea un placer.

Podemos culpar a la sobrecarga de trabajo de los vendedores, a los malos sueldos, a un mal día, pero la responsabilidad de una buena atención reside, finalmente, en la marca. Es la marca la que debe hacerse responsable de que la experiencia de compra sea un placer, es a ellos a quienes debemos reclamar una mala atención.

Y lo lamentable es que ni siquiera las empresas con programas de fidelización de clientes y con grandes inversiones en esta materia, logran evitar que vivamos situaciones incómodas e incluso discriminatorias.

¿Alguna vez sentiste que no te atendían porque tu atuendo no era lo suficientemente atractivo para la marca y sus vendedores? Todos los días escucho historias que hacen referencia a miradas feas y tratos indiferentes hacia aquellas personas que no representan el estereotipo de mujer que al vendedor le parece interesante de abordar. Como si su dinero fuera diferente.

El poder

Nosotras, como consumidoras, debemos ejercer el poder que tenemos a través de las decisiones de compra. Castigar las malas atenciones, premiar las buenas. Difundir aquellos lugares y vendedores que han hecho un trabajo positivo.

Y, por su parte, la industria de la cosmética tiene que hacer lo suyo y entender la premisa número uno del marketing: no se venden productos, se venden experiencias. No se trata de vender lápices de labios, se trata de contribuir a mejorar la imagen de una persona, a subir su autoestima incluso, gracias a un producto que la hace sentir más bella y más segura. El negocio no es vender una sombra una vez, es conquistar a una clienta para que regrese siempre, para que vuelva por más, para que se sienta apreciada.

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