Eutanasia de mascotas, decisión terrible y resistida

Como profesionales, muchas veces nos vemos enfrentados a complicadas decisiones. La esperanza es vida… su ausencia, muerte. No todos aceptan las lecciones que la vida les da.

Guía de: Mascotas

Iba a escribir un artículo sobre la hermosa historia de una perrita Samoyedo, viejita, que fue recogida de la calle en un día de lluvia por personas de gran corazón. Se le cortó el pelo, se le hicieron exámenes, se le hizo tratamiento y se le dio alimento enriquecido con la finalidad de recuperarla.

Dentro de sus limitaciones, se consiguió. Su anemia fue cediendo y su taquicardia iba en vías de recuperarse. Hasta un cardiólogo la evaluó y dio su buen pronóstico. Caminaba mucho mejor y tuvo un muy buen pasar en esos días, mientras estuvo en la clínica.

Todo marchaba de sueños, faltaba la autorización final de sus nuevos dueños para realizarle una limpieza dental y quedaría lista para irse a su nuevo hogar.

Eutanasia mascotas

Foto: Agencias

Pero algo falló. Esa gente de tan buen corazón dejó de contestar el teléfono y el dueño de la clínica comenzó a impacientarse demasiado rápido. Las Médicos tratantes intentaban ubicar a esas personas y quedaron de acuerdo en que se darían un plazo y, si no, le ubicarían un nuevo hogar.

Como dije antes, el dueño de la clínica estaba demasiado impaciente. Una mañana llegó, la tomó casi sin piedad y la mató.

Obviamente él dijo que era una “eutanasia” motivada por la responsabilidad de eliminar a un animal sin dueño… El juicio personal acerca de esto creo que está demás y cada uno podrá tener el propio.

Días después, la Eutanasia volvió a rondar la clínica.

Maltés, viejito, con una Peritonitis Química por ruptura de Vesícula Biliar. Mal pronóstico, paciente con una tremenda ictericia y un aumento impresionante de las enzimas hepáticas. Prácticamente nulas posibilidades de sobrevida con el tratamiento convencional.

Nuevamente, el dueño de la clínica en coordinación con la Médico tratante, socia de la clínica, pero externa en sus labores, llegaron a la conclusión de que lo único efectivo para aliviar al paciente sería la eutanasia.

Con poco que hacer, sabiendo que la ética primera está con el paciente, les di mi parecer a los propietarios. Yo creía que sometiéndolo a una cirugía de urgencia se podría resolver el problema y luego luchar por una sobrevida complicada, pero viable.

Lo conversaron y, por suerte, no quisieron la eutanasia. El “jefe” nos convocó a una reunión clínica para tratar el caso y todos mis colegas apoyaban la misma moción. Llegamos a la conclusión que se realizaría una intervención quirúrgica, se intentaría resolver el problema y se haría todo lo posible para que tuviese una buena recuperación…

Ya en franca recuperación, “Lucas” se fue a su hogar, muy activo, con excelente apetito y feliz. Tuvo una nueva oportunidad.

Siempre existe la ocasión de redimirse y de aprender una nueva lección de vida.

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