Desde que tengo memoria siempre he pensado en motos. De niño mi papá me prometió que si me sacaba un 7 en matemáticas me regalaba una moto, nunca antes ni después estudié con tantas ganas ese ramo.
La primera vez que manejé una moto fue en el colegio, era de un compañero de curso, se trataba de una Suzuki de 50 cc, para mí fue lo máximo, y ya no pude parar más.
Me titulé como Ingeniero Mecánico en la USACH, y las motos me han traído miles de satisfacciones, pero también algunos problemas, como un jefe que tuve que me prohibió llegar a la oficina en moto, evidentemente que duré muy poco tiempo en ese trabajo. La moto es parte de mí y si no me aceptan con moto me voy, porque quiere decir que no me están aceptando a mí.
La cara de alegría de mi hijo mayor cuando lo llevaba al jardín infantíl en la moto es algo impagable, y bastó con eso para que él también sueñe con motos, hoy está en la universidad y casi todos los días me pregunta cuándo va a tener su propia moto.
Le he enseñado a muchos, no a andar en moto, sino a andar mejor, he escrito varios artículos sobre como manejar motos que han sido reproducidos en distintos foros de motos, he hecho cursos de Frenado de Emergencia que le han salvado la vida a varios, y por los que he recibido muchas muestras de agradecimiento.
Fui uno de los líderes del movimiento contra el TAG de las motos, no logramos ningún resultado, pero fue lindo ver 5.500 motos circulando a muy baja velocidad por las autopistas urbanas, como también ver la Plaza de Armas llena de motos.
Estoy convencido que las motos son la solución a la movilidad urbana. Después de estar en Asia y Europa y ver las masas de motos que circulan por sus ciudades principales, como sus alcaldías promueven el uso de la moto volví a Chile mucho más convencido aún que en la moto está el futuro del transporte urbano, solo falta convencer a las autoridades.
