Guía de: Música Indie

The Breeders en Chile: Que los árboles nos dejen ver el bosque

Reencantarse con The Breeders y “Last Splash” es una agradable tarea a la que abocarse no sólo para los nostálgicos noventeros, sino para cualquiera que sepa apreciar una música que realiza cultos a la desarticulación, a la libertad.

Ante tanta oferta de conciertos deambulando por nuestro país, el no estar lo suficientemente atento a todo lo que acontece en esta materia puede hacer perdernos de algo interesante. Uno de estos acontecimientos que podría pasar casi desapercibido si no se presta la atención debida es la vuelta después de más de 10 años (2002) de la agrupación The Breeders, donde las hermanitas Deal dan rienda suelta a sus composiciones de pop potente, ruidoso y altamente pegajoso.

Y para los que aún así se muestran escépticos frente a este espectáculo, se le puede agregar algo que puede despertar más interés: este tour se encarga de revivir y festejar, en gloria, majestad y con la formación original, a uno de los álbumes más populares de comienzos de los noventas: “Last Splash” (1993).

The Breeders
Foto: AP

The Breeders durante una show en Portugal.

Rememorar que The Breeders no nacieron debido a la temprana, casi súbita muerte de esa banda que selló a fuego la originalidad y la genialidad que es Pixies; sino que ya tempranamente eran un proyecto de Kim Deal (bajista de esa monumental banda). Su primer álbum (Pod, 1990) había salido mucho antes de que Pixies escribiera el epitafio de su primera etapa.

“Last Splash”, álbum que se encuentran tocando en forma íntegra, es un potente paso que demarcó como popular un estilo o una forma de realizar música que venía cimentándose hará unos lustros atrás: melodías agradables al oído defendidas por toneladas de ruido y guitarras rabiosas y electrificadas; “Cannonball” habla por bastante de la dinámica expuesta: una canción que se vislumbra placentera y rítmica para dar paso a una seguidilla de ruidos, distorsiones, y saturaciones para contrastar.

Tal vez sea fácil simplemente estatizar que nos encontramos frente a un plagio de la banda que hizo más famosa e idolatrada a Kim Deal, pero es necesario darle una buena vuelta no sólo a este álbum si no también a “Pod”, o “Title TK” para darse cuenta que acá hay una soltura y una frescura que desconoce Pixies y no porque en ellos no haya soltura y libertad –que la hay, y en demasía- sino porque hablamos de una banda que más trabaja la compenetración entre miembros que la segregación de genialidades (con la venia del señor Frank Black o Black Francis como quieran verle).

Reencantarse con The Breeders y “Last Splash” es una agradable tarea a la que abocarse no sólo para los nostálgicos noventeros, sino para cualquiera que sepa apreciar una música que realiza cultos a la desarticulación, a la libertad, a la posibilidad de darle vuelta a todo, ensordecer el silencio y esbozar una sonrisa popular. Todo en la misma canción.

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