¿Cuál es la frecuencia sexual correcta?

La frecuencia sexual es un tema que, en algún momento del ciclo de la pareja, asume un rol protagónico en las discusiones o como preocupación personal. ¿Existe una frecuencia sexual correcta?

Es común que hombres y mujeres tengan percepciones diferentes acerca de la regularidad con que se despliegan los encuentros eróticos. Es así como, frente a la pregunta acerca de la frecuencia sexual de una pareja determinada, el hombre podría tender a responder “Muy poco, tres veces por semana” mientras la respuesta de la mujer sería “Bastante, tres veces por semana”.

Si bien este ejemplo no constituye para nada una norma, pues todas las personas somos diferentes, es posible ver que tiende a repetirse una especie de tendencia, caracterizada por los reclamos de los representantes del género masculino, que desean tener una mayor actividad sexual y, los de las mujeres, que exigen más demostraciones afectivas y de mejor calidad.

Frecuencia sexual
Foto: El Mercurio

Los factores relacionados con la frecuencia sexual son múltiples.

Muchas veces se genera una especie de círculo vicioso, en que el hombre tiende a reclamar que no tiene sexo con la frecuencia que desearía, mientras la mujer demanda que no recibe el afecto que espera. Habituales también son las quejas de mujeres, acerca de la predisposición de los hombres a interpretar cualquier cariño o demostración de afecto, como una invitación al sexo. Ellos, por su parte, dicen sentirse rechazados continuamente en sus intentos de acercamiento sexual, sin lograr entender la negativa de ellas. También es común que las mujeres perciban que sus hombres son especialmente demostrativos cuando quieren hacer el amor, interpretando estas manifestaciones como gananciales e interesadas.

Todo lo anterior, puede llevar a la pareja por el camino del desencuentro y los malos entendidos, generando un distanciamiento y limitando la frecuencia sexual . Al respecto, corresponde aclarar que ambos, hombres y mujeres, son razonables en sus reclamos. Claramente las relaciones amorosas deben ser construidas en base a manifestaciones afectivas, pero también en base a la pasión.

Según el sexólogo Roberto Rosenzvaig, los hombres deben tener en cuenta que para las mujeres es importante sentirse valoradas y queridas a través de atenciones personales que precedan a las relaciones sexuales, siendo éstas un elemento principal de las relaciones de pareja. Pero, por otra parte, las mujeres deben comprender que, para los hombres, el sexo puede ser una instancia de descarga de tensiones, pero también, un mecanismo de expresión de las emociones que, normalmente, ellos no manifiestan.

Cabe señalar, no obstante, que existen parejas en que estos intereses y estilos no son tan claros y otras, en las que pueden incluso presentarse de manera inversa, pues sólo se trata de tendencias relacionadas al género y no de normas.

Muchas mujeres se quejan también de que sus parejas no cumplen con sus expectativas en términos sexuales. En parejas homosexuales, estas dos posiciones pueden darse también en diferentes momentos de su historia, dependiendo de los roles y de múltiples otros factores.

Es importante considerar que la formación y mantenimiento de la pareja es un proceso que ocurre en ciclos de relativa estabilidad, crisis y reorganización y que el sexo, como todo elemento de la relación, también se comporta como un ciclo. Por tanto, la frecuencia sexual se modifica en función de ciertas variables asociadas al proceso, como por ejemplo; la fase en que la pareja se encuentre, la edad y las condiciones físicas, emocionales, mentales y contextuales de ambos miembros de la pareja, entre otros.

En algunos casos, la frecuencia sexual puede ser una especie de termómetro para medir la calidad de la relación de pareja, pues en muchos casos, ésta tiende a disminuir cuando hay problemas y a aumentar cuando la relación está bien. No obstante, en otros, una disminución en la frecuencia sexual, puede tener relación con factores personales específicos, tales como estrés, cansancio o simplemente una baja en el deseo sexual relacionada con asuntos de otra índole.

Lo importante es aceptar las modificaciones e incluso ser capaz de ir generando cambios de acuerdo a las necesidades de ambos miembros de la pareja, ya sea en función de aumentarlas o disminuirlas. Para que esto no se transforme en un conflicto, la comunicación al respecto es trascendental, pues la sexualidad en pareja debe valorarse como un encuentro entre dos personas y no como un mero trámite o una necesidad que debe ser saciada.

Es necesario considerar el punto de vista del otro, las peticiones y deseos de cada uno, respetar las aprehensiones, explicitar las frustraciones y evitar quedarse estáticos en una situación que no resulta cómoda. En este sentido, si bien es importante que la pareja respete, por ejemplo, la falta de deseo sexual del otro, también es de suma relevancia, que sea capaz de  reavivarlo en un momento posterior, de manera que sea posible mantener el ciclo en marcha y no estancarse en una u otra fase que resulte conflictiva para alguno de los miembros de la pareja.

Finalmente, cabe señalar, que no existe una frecuencia sexual “adecuada”, ni “normal”, pues esta depende, como se explicó en párrafos anteriores, de múltiples factores. Más que la cantidad, como en casi todo orden de cosas, lo que más importancia tiene es la calidad del encuentro sexual. La satisfacción personal que cada uno obtenga de la relación sexual en pareja, se constituye como un aliciente para renovar juntos la actividad erótica.

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