¿Qué es la meditación?

En una columna anterior se derrumbaron los mitos acerca de la meditación. En este artículo exploraremos de qué se trata esta práctica milenaria que, al parecer, se ha instalado ya en nuestra cultura.

Buena parte de lo que hoy entendemos como meditación proviene de la tradición budista, que fundamenta esta práctica en la premisa de que el estado natural de la mente es tranquilo y claro. La meditación entonces, entrena la mente para situarla en este estado y, de este modo, liberarnos de la agitación y descubrir la bondad fundamental de nuestra mente.

Esta forma de observar el funcionamiento de la propia mente, tiene diferentes matices, técnicas y énfasis de acuerdo a la tradición desde la cual se practique. Las tradiciones asiáticas de meditación; como por ejemplo, el budismo, Taoísmo, Zen, Vedanta, Yoga y otros, afirman que a través de la meditación se puede ir más allá de la superficie de la conciencia humana, y conocer la materia, el funcionamiento y la estructura de la conciencia en su estado original.

Meditación
Foto: Héctor Yáñez

La meditación entrena la mente para llegar a un estado de tranquilidad y claridad.

Para meditar, lo primero que debemos hacer es observar y experimentar la mente tal cual es. A través de este proceso, comenzamos a saber cómo ésta funciona y a ver que en cualquier parte que se fije la mente; ya sea en el amor, en el egoísmo, en la paz o en la ira, ahí mismo habitamos nosotros.

Es así como, desde el punto de vista de la conciencia, cualquier estado mental puede ser meditativo. Por esta razón, la tristeza, la rabia y la preocupación son tan válidas e interesantes como la alegría y el entusiasmo, pues nos dan la posibilidad de volver los sentidos hacia ellos y observarlos, estableciendo contacto inmediato con ellos en el momento presente, cuando se manifiestan en nuestra conciencia, de modo que podamos conocernos más.

A través de esta práctica podemos ir dándonos cuenta de que no estamos obligados a actuar al ritmo de cada pensamiento, que podemos elegir y vivir pacíficamente. Por ello, la meditación puede considerarse como un gesto interno, de amabilidad hacia nosotros mismos, que posibilita que tomemos conciencia del momento presente tal cual es, en todas sus dimensiones, aceptando todo lo que se presente por el solo hecho de que está sucediendo, con una actitud interna de apertura.

Si bien la meditación requiere disciplina e implica un compromiso con nosotros mismos, en la práctica es posible ver que es en este espacio donde podemos dejar de esforzarnos por que las cosas fluyan de un modo especial pues siempre, momento a momento, está ocurriendo algo especial en la conciencia.

En definitiva, la observación que se lleva a cabo a través de la meditación, permite que seamos concientes de nuestros pensamientos, sentimientos y hábitos. Facilita que los veamos con mayor claridad y así podamos hacernos cargo de nosotros mismos e intervenir en los ciclos negativos que, a veces por falta de conciencia, repetimos permanentemente sin darnos cuenta que lo hacemos.

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