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Guía de: Solteras

Me acostumbré a ser la soltera de mi entorno, en mi familia prácticamente soy la única que hasta el momento no ha presentado a algún pololo, o algo que se le parezca, y en la vida social llego sola a los carretes, por lo que no tengo quien me sostenga el vaso con la piscola cuando necesito ir al baño.

No miro mi condición como una tragedia, quizás por eso jamás entenderé la cara de “lo siento por ti” cada vez que respondo que estoy soltera.  En generaciones anteriores, como la de nuestros padres, ser veinteañera y no  haber formalizado al menos una relación era mal visto: “Se te está pasando el tren” y “estás vistiendo santos”, eran alguna de las frases comunes. Pero hoy el panorama es distinto, la soltería es una opción de vida que no desentona en la sociedad.

En mi caso no hay mucho que pueda decir para explicar mi situación, simplemente tengo mala suerte con los hombres, y  no es que me haya tragado el cuento de Disney sobre el príncipe azul. Además, en mi defensa (o quizás no) en este momento priorizo lo profesional, y también esos gustos que sólo te puedes dar cuando no deben ser compartidos. No debo explicaciones a nadie, no tengo que pensar por dos antes de decidir algo y nadie me dice un sobrenombre vergonzoso, excepto en mi familia.

Para aclarar, no tengo nada en contra de aquellos que viven la felicidad de compartir con sus parejas y tampoco voy por la vida diciendo que el amor es para débiles mentales. Sólo que defiendo nuestra posición, hoy ser soltera no es algo para alarmarse, muchas llevamos este estilo de vida y los sabemos disfrutar. Pero siempre estará esa pregunta de cajón, “¿y usted, mijita, cuándo va traer un pololo?”