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Tuición y visitas: Lo que los padres deben saber

En la presente columna nos referiremos al Cuidado Personal y a la Relación Directa y Regular, conocidas anteriormente y bajo un lenguaje coloquial como tuición y visitas, respectivamente.

El nacimiento de un hijo genera entre los padres relaciones y obligaciones que se tornan indisolubles, con el objeto de atender al interés superior de los menores, es decir, procurar la mayor realización espiritual y material de los hijos.

Dentro de las relaciones que se generan entre padre-madre y el hijo, existen dos materias que son de enorme trascendencia a la hora de salvaguardar el citado interés superior.

En la presente columna nos referiremos al Cuidado Personal y a la Relación Directa y Regular, conocidas anteriormente y bajo un lenguaje coloquial como tuición y visitas, respectivamente.

Ambas materias generan innumerables conflictos cuando los padres no quieren vivir juntos, surgiendo interrogantes comunes: ¿con quién quedarán los hijos? ¿perderé la posibilidad de ver a mis hijos?

I.- El Cuidado Personal (Tuición)

La ley dispone que el cuidado personal de los hijos corresponde a ambos padres, cuando ellos vivan juntos. Para el caso de que uno de ellos fallezca, el cuidado personal corresponde al sobreviviente. De igual manera, si el hijo sólo ha sido reconocido por uno de los padres, a éste le tocará estar en el día a día con el menor.

El caso que genera más discordia se presenta cuando ambos padres del menor existen, pero viven separados. Cuando ello ocurre, la ley prescribe que a la madre le tocará el cuidado personal de los hijos. Cabe señalar que esta decisión del legislador ha generado una serie de polémicas y requerimientos para que se declare abiertamente contraria a la igualdad que asegura nuestra Constitución, toda vez que se estaría eligiendo a la madre por sobre el padre, teniendo ella una opción siempre “preferente” respecto al cuidado de los hijos.

Tuición y visitas
Foto: Agencias

Información útil sobre la tuición y visitas de los padres.

La regla general que indica a la madre como “titular preferente” del cuidado personal, tiene dos excepciones generales. La primera es el acuerdo de los padres, suscrito por escritura pública o acta extendida ante oficial del Registro Civil (subinscrita en la inscripción de nacimiento del hijo), en el cual se conviene que el padre sea el titular del cuidado personal de los hijos. La segunda de las excepciones se basa en el interés superior del niño, basado en la existencia de maltratos, descuidos u otra causa calificada, circunstancias que hacen que el juez otorgue el cuidado personal al padre.

Respecto de la segunda excepción resulta fundamental destacar que la aparición de nuevas circunstancias (maltratos, fallecimientos, etc.), pueden revertir la decisión o el acuerdo de que tanto el padre como la madre esté con uno de los hijos.

Si ambos padres se encuentran inhabilitados, el juez confiará a un tercero el cuidado personal, prefiriendo a los consanguíneos más próximos, y dentro de ellos, a los abuelos.

En estas causas, tramitadas ante los Juzgados de Familia donde vive el menor, se oirá a los hijos y a los parientes, en cumplimiento de lo que establece nuestra legislación interna y la Convención de Derechos del Niño.

II.- La Relación Directa y Regular (Visitas)

El cambio de denominación (de “Visitas” a “Relación Directa y Regular”) responde a la nueva forma de entender este efecto que produce la maternidad y paternidad. La expresión “visitas” no comprende lo que realmente se busca con esta institución, que no es otra cosa que el padre o madre sostenga y mantenga una relación periódica con el o los hijos que no están bajo su cuidado personal.

La ley señala que el padre o madre que no tenga el cuidado personal del hijo no será privado del derecho ni quedará exento del deber, que consiste en mantener con él una relación directa y regular.

La ley, en este sentido, aboga porque los padres lleguen a acuerdos para determinar la frecuencia y la libertad con que se lleve a efecto la relación entre padres e hijos. Sin este acuerdo, el juez regulará las condiciones en que se ejercerá.

Resulta muy común en la práctica que se regule lo que ocurrirá el día de Navidad, el día del niño, el período de vacaciones, los días del padre y la madre, el año nuevo, etcétera, todo con el fin de evitar controversias posteriores que poco ayudan al interés superior de los hijos.

En todo caso, cuando resulte perjudicial para el bienestar de los hijos, el tribunal competente podrá suspender o restringir el ejercicio del mencionado derecho-deber.

Llama poderosamente la atención que la ley habla de un derecho, pero a la vez de un deber de los padres, lo que en la práctica muchas veces se torna incoercible, dado el carácter eminentemente ético y moral que sustenta a las relaciones familiares, llegando algunos a afirmar que “ningún juez puede obligar a nadie a querer a un hijo”, materia que excede el ámbito estrictamente legal.

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