¿Por qué los jóvenes recurren a la violencia en las marchas?

¿Por qué se pierde el norte en las manifestaciones? ¿Cuál es la razón para que la violencia se apodere de las marchas? ¿La delincuencia es una consecuencia o una causa?

Guía de: Adolescencia

La educación chilena ha sido el eje del conflicto social este año. La gran convocatoria que los estudiantes han alcanzado en todas las iniciativas propuestas ha puesto a Chile en el ojo de la prensa internacional, sin embargo, son los hechos de violencia los que resaltan por sobre el trasfondo político-social de la crisis educativa que hoy se siente en todo el país.

Miles de jóvenes y adolescentes encabezan las marchas en busca de una solución: educación de calidad para los miles de chilenos, que incluidos o excluidos del sistema educativo nacional, demuestran su descontento por el curso de las políticas educativas nacionales.

La idea es clara, manifestar la disconformidad por la inequitativa realidad que divide al país entre los que pueden acceder a una educación de calidad y aquellos que se deben conformar con la escolarización universal, realidad muy lejana a convertirse en una plataforma educativa.

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Foto: Luciano Riquelme

La delincuencia expresada en esos verdaderos excluidos del sistema es también una forma de protesta.

Desde las autoridades hasta los jóvenes protagonistas rechazan categóricamente los actos de violencia con las que culminan algunas de las marchas convocadas por la Confederación de Estudiantes –CONFECH-, encabezada por los líderes de las universidades tradicionales del país.

Sin embargo, muy pocos se han detenido a pensar en la naturaleza de los actos delictivos, en el por qué hay jóvenes y adolescentes que se aprovechan de las aglomeraciones para delinquir, hacer desorden y de esta manera perder el verdadero norte de la convocatoria.

Delincuencia como consecuencia no como causa

La delincuencia expresada en esos verdaderos excluidos del sistema es también una forma de protesta. Son ellos, quienes no han tenido la oportunidad de recibir una educación de calidad, y definitivamente se encuentran marginados de la educación superior, quienes en la agresividad y el delito demuestran inconscientemente lo carentes que son de aquello por lo que otros marchan: educación.

No se trata simplemente de juzgar las conductas penalizándolas de manera punitoria, sino de dar una revisión total a un sistema que tiene fallas. El por qué estos jóvenes delinquen es la verdadera pregunta desde la cual se debe partir para entender los comportamientos que día tras día vemos repetirse en la sociedad.

Derechos de los niños, niñas y adolescentes

Desde comienzos de la década de los noventa, el país se encuentra suscrito a la Convención Internacional de los Derechos de los niños, niñas y adolescentes, CIND, que entre sus múltiples consideraciones entre las que está contenida el derecho a la educación, la Convención releva a este grupo social como sujetos de derecho y no cómo un objeto sobre el cual haya que depositar las leyes, normas y reglamentos propios de cada país.

Esta condición de sujeto de derecho, es la que en la actualidad están ejerciendo nuestros jóvenes y adolescentes. La participación política, el descontento sobre aquellas cosas que les atañen directamente y el poder de decisión son algunas de las características necesarias para ejercer ciudadanía en un país que, legislativamente, los reconoce como tales.

Pero, qué ocurre con aquellos que se encuentran fuera del aparato educativo, qué ocurre con los miles de jóvenes que por las condiciones económicas de sus padres quedan fuera del sistema de derechos, aquellos que no sólo no pueden acceder a la universidad, sino siquiera tienen la oportunidad de acudir a un establecimiento escolar de calidad.

Son ellos los que protestan con delincuencia, con violencia, con dramatismo pidiendo ser oídos. Son ellos quienes con mejores oportunidades sociales no engrosarían la lista de delincuentes juveniles, sino que caminarían marchando con carteles al igual que el resto de los manifestantes.

No se trata de avalar los actos delictivos, ni de dar rienda suelta a la violencia haciendo del escenario nacional tierra de nadie, sino simplemente de pensar este momento de crisis social como una oportunidad para revisar la visión que se tiene aquellos niños, jóvenes y adolescentes, quienes por falta de oportunidades ven en la delincuencia, en el dinero fácil, y en el abuso de sustancias, las únicas salidas posibles a una vida que, para ellos está determinada por los NO, con los que constantemente les responde la sociedad.

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