¿Qué riesgos trae ver mucha televisión?

Cuando somos pequeños (y no tanto) la influencia de la televisión es mucho mayor, ya que estamos en una etapa donde todo lo aprendemos e interiorizamos. Belleza, éxito, violencia, ¿dónde está el límite?

Guía de: Adolescencia

Si bien es cierto desde hace ya muchos años la televisión ocupa un lugar importantísimo en la vida de las familias; en los últimos años ha aumentado considerablemente la cantidad de horas que pasamos frente al televisor. De esta manera el fenómeno es transversal atravesando a todas las edades y clases sociales.

Los niños y adolescentes han incrementado de manera importante su consumo de horas de tv por día, llegando a las 3 horas en promedio por jornada (Revista Economía & Administración)

Las razones de este aumento son diversas, desde padres que trabajan por largas horas fuera de sus hogares hasta el amplio incremento de la tecnología en nuestros hogares, y la disminución de actividades al aire libre hacen que estos chicos se refugien por largas horas al amparo de este importante agente de socialización contemporánea: la televisión.

La televisión como agente de socialización

Pegados TV

Foto: Alex Valdés, El Mercurio

Los niños y adolescentes han incrementado de manera importante su consumo de horas de tv .

El problema principal de que sea la televisión la que ocupe un rol preponderante en la construcción social de las personas radica en los valores que en ella se ponen en juego. A diario vemos cómo las imágenes de competitividad, violencia, belleza física y consumo se repiten en la gran mayoría de los espacios que nuestros adolescentes prefieren.

La pantalla está bombardeada con imágenes de jóvenes, un par de años más grandes que ellos, que desfilan de canal en canal dando cuenta de su forma de ser famosos. Es que es exactamente en esa palabra, FAMOSOS”, donde recae el gran imaginario de éxito de la generación sub 20.

Esta fama asociada a las fiestas, la noche, los amigos, los viajes, lindos cuerpos y romances a corta edad parecen ser la panacea que, una gran parte de la población adolescente, quiere alcanzar. Los límites del deseo radican en poder repetir la fórmula que, a cientos de compañeros de generación les dio resultado, aparecer en televisión ser conocido y de esa forma feliz.

Es que esta fórmula se puede encontrar desde los programas juveniles que abundan en la televisión, sumando las telenovelas que estos mismos jóvenes protagonizan. En ellos la mayoría de los protagonistas cumplen con un estereotipo de belleza determinado y se convierten en prototipos ideales para los más pequeños, prototipos que a la larga se transforman en un requisito indispensable para alcanzar la “aceptación” social y el éxito.

No prohibir, educar

No se trata de iniciar una cruzada contra la televisión o prohibir que tus hijos vean aquellos programas que les gustan, simplemente se debe poder lograr una visión crítica y educativa de los que ellos están recibiendo.

Darles las herramientas necesarias para discriminar la realidad de la “realidad” que exhiben los programas de TV. Al generar esta forma de ver televisión podemos estar seguros de que nuestros hijos se sentarán frente a ella sabiendo que es un elemento de entretención y, que estos modelos juveniles que se replican en todos los canales, no son más que estereotipos vacíos de contenido que se alejan mucho de los sueños y realidades de cada uno.

Como convivir con el estereotipo social

El poder entender la televisión y lo que ofrece desde lo que es, es un primer paso para no perderse en el ideal de felicidad que trata de vender. Pero más importante que ello, resulta el poder demostrar que existen caminos diferentes, proyectos individuales: de esa manera ellos mismos se darán cuenta que, ser flaca y vestirse a la moda, o aparecer en televisión exhibiendo la vida privada, no forma parte de su propio sueño.

Las alternativas de formación en los valores, el resaltar los puntos destacados de cada adolescente, abrir un espacio para sus talentos individuales y fomentarlos es una sana alternativa  para poder construir satisfactoriamente la identidad de sus hijos.

De esa manera se percibirán a los estereotipos como lo que son, un recorte de la realidad, y que tras las cámaras todos se enfrentan con los mismos problemas y miedos, sólo así se des idealizan estos modelos y se abrirá el paso a la construcción de la felicidad en otras cosas.

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