¿Qué es el Trastorno del Espectro Autista y cómo se observa en la niñez y adolescencia?

Es común observar en quienes padecen este trastorno comportamientos o intereses y actividades que se muestran de forma repetitiva.

Guía de: Adolescencia

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es considerado un problema del neurodesarrollo, es decir, que se produce en el marco del desarrollo del sistema nervioso.

Se caracteriza por dificultades de comunicación e interacción social, lo que se puede presentar en distintos espacios o contextos en que el niño o el adolescente se relaciona.

Es común observar en quienes padecen este trastorno comportamientos o intereses y actividades que se muestran de forma repetitiva, o en algunos casos restrictivos.

Se debe entender que el autismo es un espectro, es decir, que existen un sinfín de diferencias ya que es amplio. Pueden presentar características similares pero cada caso y las necesidades de niños y jóvenes serán diferentes.

En general, el trastorno se presenta durante los primeros años de vida, y al tener una base neurobiológica, acompaña el desarrollo de los pequeños hacia a lo largo del ciclo vital.

Su diagnóstico es complejo debido a la diversidad de sintomatología, por lo que la detección debe realizarse bajo un criterio clínico como herramienta principal, más que con algún tipo de prueba.

TEA

Para evaluarlo bajo este parámetro, el profesional a cargo ahondará en la historia clínica del niño, los antecedentes prenatales y familiares, su desarrollo y comportamiento en la escuela, cuáles son sus intereses, etc.

Los discernimientos diagnósticos para evaluar y comprender el Espectro Autista, de acuerdo con el DSM V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), se basan en dos criterios principales.

El niño y adolescente debe presentar dificultades en la comunicación social y en la interacción. Es decir, sospechar que en distintos contextos, y de forma persistente, se observen problemáticas en esta área.

Que el formar una interacción con otra persona le sea difícil. Por ejemplo, un niño que intenta jugar con un grupo de compañeros o un adolescente que quiere unirse a una conversación de su grupo de pares y no lo logre de forma efectiva.

Muchas veces también los niños o adolescentes no tienen tanto interés en relacionarse, pero otros sí quieren interactuar con los demás y no lo logran.

Los temas de conversación que presentan a veces son rígidos. Por ejemplo, solo quiere hablar del tema que a él le interesa y no es capaz de entender sutilezas, como que el otro está aburrido o no se debe continuar con la misma temática de conversación.

Las relaciones sociales, por esto, se vuelven difíciles. Muchas veces quienes padecen el espectro no saben bien cómo mantener y comprender los espacios y relacionamientos sociales.

Autismo

El segundo criterio significativo es observar conductas, intereses o actividades que el niño o adolescente muestre de forma restrictiva o repetitiva.

Entre ellos movimientos. Un ejemplo es el balanceo o palabras repetitivas que los niños dicen constantemente como una frase de una película. Lo mismo puede ocurrir con objetos. En vez de utilizar los juguetes de forma creativa, el niño o adolescente los ordena o alinea.

Esa misma repetición se observa en las rutinas. Los niños querrán siempre utilizar los mismos caminos hacia el colegio, comer los mismos alimentos y en general realizar las actividades a través de la misma manera.

Tendrán también intereses restringidos: un gusto por un deporte o temática como los dinosaurios que se presenta de forma intensa y genera que en muchas ocasiones no les permita desarrollar otros aspectos de interés.

Si conoces a alguien con estas características o que directamente presenta este trastorno, intenta ser paciente y amable, recordando que en mayor o menor medida todos somos diferentes.

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