Síndrome de Williams: Sintomatología que puede alertarnos en la adolescencia

Puede ser de diagnóstico tardío dado que algunos de sus rasgos son pasados por alto.

Guía de: Adolescencia

Quizás te parezca raro relacionar la sociabilidad o ser muy extrovertido con una condición, pero esta es una de las principales características del síndrome de Williams.

Está enfermedad genética, si bien es poco frecuente, también puede ser de diagnóstico tardío dado que algunos de sus rasgos son pasados por alto.

Durante el desarrollo, el perfil cognitivo está dominado por una deficiencia de las habilidades visoespaciales, y en contraposición son niños que suelen utilizar un lenguaje correcto.

En cuanto a los rasgos faciales, hay un estrechamiento de la frente, nariz chata y escaso mentón, lo que ha hecho que en algunas oportunidades se señale que su fisionomía facial se asimila a la de un duende.

Además, presentan estrabismo en uno de los ojos y tener “un iris estrellado” y una piel hiperlaxa.

En algunos casos, el síndrome también puede incluir un déficit intelectual y dificultades en el desarrollo de la motricidad gruesa y fina.

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En la infancia notamos que son niños hiper sociables y esto perdura en la adolescencia.

Pueden sentir mucha cercanía con los extraños, pudiendo ser engañados o no darse cuenta cuando están en peligro.

En la adolescencia, se observan más problemáticas en las relaciones interpersonales. Si bien pueden entablar conversaciones sin ningún problema, se les ven dificultades para mantener los vínculos.

Además, quienes presentan el síndrome de William muestran hipersensibilidad a los ruidos. La música les genera interés y gusto por los instrumentos y melodías, pero también les afecta en el día a día ya que pueden sentirse alterados, e incluso padecer dolor con sonidos que al resto de la población no les perturba.

Tanto en la adolescencia como en la adultez, podemos observar que las personas con síndrome de Williams son más bajas de estatura en relación con sus familias y la media de acuerdo a su edad.

Sin embargo, es en la adolescencia donde se debe tener mayor cuidado. A modo de ejemplo, la Asociación Argentina de Síndrome de Williams publicó un relato de una madre de una adolescente de 15 años que presenta esta enfermedad genética.

La chica acostumbraba a viajar en un taxi colectivo desde su hogar hacia su establecimiento educacional, por lo que ya le parecían conocidos algunos de los choferes.

SW

Ella no diferenció la distancia social, y le pareció una buena idea aparecerse en la casa del chofer de visita y comentarle sobre su vida y el trabajo de sus padres.

Cuando la madre hablo con ella sobre el peligro de acercarse a extraños, le señaló que “lo conocía” y no notaba el problema.

Esto es algo que acompaña a quienes presentan el síndrome durante toda la vida, tanto en círculos sociales y de trabajo.

Si alguno de estos síntomas o características te parece similar con alguien que conoces, coméntale sobre visitar a un especialista. La detección y tratamiento ayudarán a quienes lo padezcan a mejor su calidad de vida y relaciones sociales.

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