Vivir en el presente, enseñanza clave para los jóvenes

Frustraciones, ansiedades, dolor, lágrimas y enojos son algunas de las cosas que se pueden evitar si enseñamos a nuestros hijos a transitar en el presente.

Guía de: Adolescencia

Miedos arraigados en el pasado, promesa y esperanza constante de un futuro prometedor se conjugan negativamente en el recorrido de la vida.

Cientos de personas vivimos nuestro hoy desconectados con el ahora, rememorando viejas glorias, llorando antiguas penas o soñando constantemente que nuestros problemas se solucionarán mañana.

Los adolescentes crecen viendo este modelo aprendido en acciones y palabras a lo largo de vida. Estos acontecimientos se configuran en su psique como una estructura muy cimentada que cuesta remover. Desde ahí provienen penas, miedos, o esa sensación de que el hoy es sólo un paso, un puente para alcanzar el mañana, la idea de felicidad depositada en el futuro tan propio de las sociedades actuales.

Ventajas de vivir el hoy

Vivir el presente

Foto: Carla Pinilla

Si supiéramos estar en tiempo presente todo el día, muchas de nuestras preocupaciones cederían. El hecho de ser capaces de concentrarnos en las cosas que el día a día nos depara, permite transitar por los hechos que se nos presentan sin expectativas futuras y sin miedos pasados.

Acabar con los miedos pasados, con las emociones ligadas a imágenes o personas, es el gran premio de saber vivir en el hoy. Darnos cuenta que no porque antes  fuimos testigos o protagonistas de determinado tipo de hechos éstos se van a repetir necesariamente en el presente. El aprender a sorprendernos con las diferentes sensaciones que las viejas-nuevas cosas nos pueden deparar es también una tarea en la que a diario deberíamos trabajar.

Los adolescentes, por ejemplo, crecen con esta frase “ninguna segunda parte es buena”, con eso se cierran las posibilidades a la restitución de amistades o relaciones pasadas, por miedo a cometer los mismos errores o sentir los mismos dolores. Sin embargo, debemos recordar que el origen del miedo no es nada más que la asociación de una imagen –recuerdo- a una emoción negativa, eso es lo que produce todo el disparador biológico de la conducta del miedo.

Esta respuesta inmediata del organismo ha sido un elemento fundamental en la preservación de las especies, pues al recordar el peligro responden rápidamente al estímulo para no repetir la situación que puso en peligro sus vidas. Sin embargo, llenarse de miedos impide caminar. Limitar a nuestros hijos y no enseñarles de la discriminación de los riesgos ha creado una sociedad llena de adultos temerosos, desconfiados, que caminan por la vida mirando con ojos de ayer.

En tanto a la visión de un futuro mejor, la simple idea de que lo bueno llega mañana impide ser felices en el hoy. Los adolescentes ven como sus padres trabajan para que lleguen las vacaciones, como ellos van al colegio para entrar a la universidad… y así miles de ejemplos nos llevan a vivir pensando en otros tiempos que aun no llegan, descontando la posibilidad de disfrutar de cosas que se me presentan en el aquí.

Cómo conectarse con el ahora

La meditación es una ejercicio constante que permite que los seres humanos nos conectemos con las situaciones en tiempo presente. Pero ésta no es la única forma de equilibrar nuestros miedos y expectativas en pos de disfrutar el minuto a minuto.

La reflexión, el aprender a aceptar que las cosas casi nunca se presentan como uno las imaginó, el darnos cuenta que el respeto y amor por el otro está basado en aceptar las decisiones que otro toma, aun cuando no sean las que queramos, y no en esperar que los demás actúen como uno quieren que lo haga son acciones positivas que nos acercan al presente de manera equilibrada.

Si todos nos diéramos un tiempo para vivir las cosas según se nos presentan y en base a eso disfrutar de las experiencias día a día, la felicidad sería felicidad y la tristeza sería eso y no el dolor que se genera producto de decepciones o planes frustrados.

Finalmente si enseñáramos a nuestros hijos a que la vida no es más larga que un suspiro, nos detendríamos un segundo a pensar si queremos dejar pasar el presente por llorar el pasado o soñar con el futuro.

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