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Confiar en la Providencia: No siempre lo malo y lo bueno son lo que parecen en primer momento

¿Buena suerte? ¿mala suerte? ¿ quién lo sabe? Siempre detrás de situaciones aparentemente desfavorables hay bendiciones escondidas.

Guía de: Alma

“No tengas miedo, solamente confía en Mí” (Marcos 5,36)

Existe un antiguo cuento chino que nos recuerda lo que a muchos se nos olvida, sobre todo cuando estamos en la niebla del desasosiego: abatidos, agobiados, angustiados, perdidos.

La mayoría de las veces, nos quedamos en el primer nivel de comprensión de las circunstancias, pero existen otros niveles, superiores,que no somos capaces de ver.

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Foto: bancodeimagenesgratis.es

¿Buena suerte? ¿mala suerte? ¿ quién lo sabe? Siempre detrás de situaciones aparentemente desfavorables hay bendiciones escondidas. Me invito y los invito a confiar en el flujo de la vida, en la sabiduría de lo más grande.

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba  duramente la tierra junto a su hijo.

Un día el hijo le dijo:

¡Padre, qué desgracia, se nos ha ido el caballo!

¿Por qué le llamas desgracia? – respondió el padre – veremos lo que trae el tiempo…

A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.

-¡Padre, qué suerte! – exclamó esta vez el muchacho, nuestro caballo ha traído otro caballo.

-¿Por qué le llamas suerte? – repuso el padre, veamos qué nos trae el tiempo.

En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se quebró una pierna.

-¡Padre, qué desgracia! – exclamó ahora el muchacho, ¡me he quebrado la pierna!

Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:

-¿Por qué le llamas desgracia? ¡Veamos lo que trae el tiempo!

El muchacho no se convencía,  sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La Rueda de la Fortuna de la vida da tantas vueltas,  que muchas veces lo malo se hace bueno, y lo bueno, malo.

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