Jorge Luis Borges: La increíble anécdota del día en que se negó a homenajear al Che Guevara

El autor de "El Aleph" no aceptó que interrumpieran su clase como parte del duelo por la muerte del guerrillero argentino.

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El escritor Jorge Luis Borges y el guerrillero Ernesto Che Guevara, junto al futbolista Diego Armando Maradona y el cantante Carlos Gardel, son seguramente los argentinos más famosos y admirados del siglo XX, aunque la imagen pública del Che en él ultimo tiempo se ha visto afectada por nuevas y sorprendentes revelaciones sobre su figura, como su declarada homofobia y el íntimo placer que sentía al matar.

“Tengo que confesarte, papá, que realmente me gusta matar…Y un revolucionario debe ser una fría máquina de matar motivado por odio puro”, le escribió una vez Guevara a su padre.

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Borges fue un escritor magistral y un pensador lúcido y brillante admirado universalmente por la originalidad de su obra literaria, y siempre mantuvo un distanciamiento de la violencia y una postura escéptica ante el radicalismo político.

El Che Guevara, por el contrario, fue una figura política ligada al marxismo, la violencia y la lucha armada, un ícono del idealismo izquierdista y la revolución. Ambos, a pesar de ser compatriotas y nacer, vivir y morir en la Argentina, representaron al cabo dos polos opuestos de la cultura y pensamiento del país trasandino.

En octubre de 1967, Jorge Luis Borges dictaba una clase de literatura británica en la Universidad de Buenos Aires cuando un exaltado estudiante interrumpió el aula con la noticia que en ese momento incendiaba el cono sur del continente: el Che Guevara había muerto en la sierra boliviana, país al que había llegado meses atrás para hacer la revolución.

El estudiante de marras, en ese momento, se paró delante de los alumnos y exigió suspender la clase para rendir homenaje inmediato al guerrillero.

-Las clases quedan interrumpidas por duelo: ha muerto el Comandante Che Guevara -notificó.

Sin alterarse, con su habitual calma irónica, Borges contestó:

-A la memoria del comandante no le afectará que termine con los 20 minutos de clase que faltan.

La respuesta desencajó al estudiante, que insistió con su petición con voz desafiante:

-Tiene que ser ahora, ¡y usted se va!

En ese momento, el genial escritor argentino golpeó el escritorio y replicó con firmeza:

—¡No me voy nada! Y si usted es tan guapito, venga a sacarme de aquí.

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El fanatizado estudiante, furioso, se retiró de la sala y Borges continuó con su clase, pero como el interruptor del suministro eléctrico estaba afuera, le cortó la luz al aula. Borges, que a esas alturas ya estaba casi ciego, siguió como si nada dando su clase, hasta que un alumno le advirtió lo que había pasado:

-Maestro, cortaron la luz.

-En previsión de este día he tomado la precaución de quedarme ciego -dijo Borges, desatando las risas de sus alumnos.

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