Las Torres Flak de la Luftwaffe: La última línea de defensa del Tercer Reich
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Las Flakturm o Torres Flak (torres antiaéreas), monumentales complejos de cemento y hormigón armado de 30 metros de altura dotados con cañones antiaéreos y abundante munición y suministro, emplazadas en las ciudades de Berlín (3 torres), Hamburgo (2) y Viena (3) y que se asemejaban en su arquitectura a castillos medievales, se convirtieron en la fase final de la Segunda Guerra Mundial en el último bastión del Tercer Reich, defendido a muerte -en el caso de la capital alemana- por miembros de las Juventudes Hitlerianas.

Provistas de muros de hormigón de hasta tres metros y medio de grosor, antena de radar (cuyo plato podía retraerse bajo una cúpula de acero), cuatro plataformas de armamento antiaéreo de diverso calibre y focos reflectores para localizar los bombarderos de noche y cegar a los pilotos que se aproximaban, estas verdaderas fortalezas eran capaces de mantener una cadencia de fuego de 8.000 disparos por minuto gracias a sus poderosos cañones de diversos calibres, con un alcance de hasta 14 kilómetros y un campo de fuego de 360 grados. Fue el caso, por ejemplo, de los legendarios cañones Flak de 88 mm., poderosas piezas de artillería antiaérea que también se usaban contra los carros de combate y que servían de cañón principal de algunos de los blindados pesados alemanes como los Tiger.
Las Torres Flak también contaban con cañones Flak 38 de 105 mm y el Flak 40 de 128 mm, eficaz cañón pesado que permitía hacer frente a las incursiones aéreas de de los bombarderos cuatrimotores de la RAF (Real Fuerza Aérea) y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAAF).

Durante el bombardeo aliado de Berlín, según informa una nota de la revista National Geographic, la Torre Flak que estaba ubicada cerca del zoológico de la ciudad, debido a que era considerada una fortaleza casi inexpugnable, se convertiría en una verdadera caja fuerte de alguno de los más valiosos tesoros arqueológicos recopilados por Alemania a lo largo de los siglos, como el busto de Nefertiti, el altar de Zeus de Pérgamo o la colección de monedas del Kaiser Guillermo.
Además de estas valiosas reliquias históricas, la Torre Flak del zoo de Berlín sirvió de cuartel general del ministro de propaganda del Reich, Joseph Goebbels, aunque más tarde ese jerarca nazi decidió trasladarse al búnker de la Cancillería, para acompañar a Adolf Hitler en sus últimas semana de vida. Fue allí donde Goebbels, tras la muerte del Führer, se suicidó junto con su mujer, Magda, después de envenenar a sus pequeños seis hijos mientras dormían.
En Berlín, las tres Torres Flak, construidas por orden de Hitler en un plazo de seis meses, formaban un triángulo de fuego antiaéreo formidable, cubriendo todo el distrito gubernamental. Además de estar dotadas de un hospital, tenían la capacidad de albergar hasta unos 10.000 civiles, aunque durante la caída de Berlín, con el inminente avance del Ejército Rojo, unos 30.000 berlineses llegaron a refugiarse en cada una de las tres torres.
Los soviéticos, en su asalto final a la capital alemana, se llevaron una desagradable sorpresa cuando se percataron que era muy difícil infligir un daño significativo a estas superestructuras. Incluso usando artillería de grueso calibre, como los obuses M1931 (B-4) de 203 mm. Por ello, optaron por maniobrar en torno a las torres para rodearlas hasta que la guarnición se rindiera por falta de víveres.
La Torre Flak de la Luftwaffe del Tiergarten en Berlín sería el último bastión de la Alemania nazi en guerra en rendirse. Hoy, esa torre, además de otras estructuras hermanas como la Torre Flak de Viena y la Torre Flak de Hamburgo, son consideradas un monumento histórico.

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