Migración alemana: Los grandes cambios que logró en el sur de Chile
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Otto Dörr, Julio Zegers, Marlene Ahrens, Gert Weil, Germán Becker, Margot Kahl, Stephan Krammer, Claudio Bunster, Oscar Hahn, Enrique Krauss, Karin Ebensperguer, Raúl Rettig, Joaquín Niemann, Egon Wolff, Enrique Krauss, José Joaquín Brunner, Evelyn Matthei, Edgardo Boeninger y José Antonio Kast. Estos son sólo algunos de los chilenos descendientes de alemanes que ganaron fama en nuestro país en terrenos como la política, el deporte, la música, el periodismo, las ciencias o la literatura.
¿Qué tienen en común todos ellos? Descienden de ciudadanos alemanes que llegaron a nuestro país en distintas oleadas de inmigración: en 1845-1848, 1883, 1933 y después de 1945.
El 25 de agosto de 1846 arribó al puerto de Corral el bergantín “Catalina”. Traía consigo a los primeros inmigrantes alemanes, precursores de las familias Aubel, Bachmann, Clemens, Henckel, Hollstein, Ide, Jaeger, Krämer, Kramm y Ruch. Venían en el marco de un proyecto privado de colonización, organizado por los hermanos Philippi, Ferdinand Flindt, Franz Kindermann y Johann Renous.
Los recién llegados -9 hombres, 8 mujeres y 23 niños- pertenecían a familias de artesanos provenientes de Kassel, en el centro de la actual Alemania. Se instalaron en el Fundo Santo Tomás, en los márgenes del Río Bueno, luego de una penosa travesía de más de cuatro meses en que debieron afrontar un motín a bordo y la muerte de cuatro pasajeros.
Los siguientes inmigrantes alemanes llegarían a nuestro país oficialmente, en virtud de la Ley de Colonización llamada “Ley de Inmigración Selectiva”. Impulsada en 1845 por el gobierno del presidente Manuel Bulnes, tenía por objetivo atraer a profesionales y artesanos para colonizar zonas del sur de Chile, entre las actuales regiones de Los Ríos y Los Lagos, en el proceso conocido como la Colonización de Llanquihue.
El agente comisionado por el gobierno para ejecutar esta Ley fue el aventurero y diplomático chileno Vicente Pérez Rosales, quien partió a Alemania buscando familias dispuestas a cruzar el océano. Su trabajo se vio facilitado por el contexto político, con una Alemania convulsionada por la revolución fallida de 1848.
En virtud de la “Ley de Inmigración Selectiva” arribarían a Corral más de 10 barcos con familias de inmigrantes alemanes. El 13 de noviembre de 1850 el bergantín “Hermann” atracó em el puerto de Corral trayendo a 95 hombres, mujeres y niños alemanes. Entre ellos venía el prusiano Karl Anwandter, farmacéutico, político y hombre de ideas, quien al recibir la ciudadanía chilena pronunció un histórico discurso:
“Seremos chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere, defenderemos a nuestro país adoptivo uniéndonos a las filas de nuestros nuevos compatriotas, contra toda opresión extranjera y con la decisión y firmeza del hombre que defiende a su patria, a su familia y a sus intereses. Nunca tendrá el país que nos adopta por hijos, motivos de arrepentirse de su proceder ilustrado, humano y generoso”.
En 1852 llegarían más inmigrantes alemanes a bordo del buque “Susanne”. Se radicarían en la zona donde hoy está la ciudad de Puerto Montt y en la cuenca del Lago Llanquihue. Al final, más de 6.000 familias provenientes de estados pertenecientes a la entonces llamada Confederación Germánica se instalaron en Chile entre los años 1850 y 1875, asentándose en zonas de LLanquihue, Osorno y Valdivia. Paralelamente, se produjo otra inmigración de austrohúngaros, totalizando 30. 000 colonos en suelo chileno, entre alemanes y austrohúngaros.
Esta primera oleada migratoria alemana cambiaría para siempre el sur de Chile. Donde antes había impenetrables bosques vírgenes y selva fría, brotaron como por ensalmo pueblos nuevos con arquitectura europea y cervecerías, astilleros, aserraderos y escuelas.
La bella ciudad de Valdivia, cruzada por el río Calle Calle, se convirtió en una ciudad industrial modélica en el Chile de la época. En 1886 se fundaría allí el primer periódico en alemán, “Valdivias Deutsche Zeitung”, medio impreso de comunicación para la colectividad alemana residente. Las ciudades de Puerto Montt, Frutillar, Llanquihue y Puerto Varas surgirían de la nada. El alemán llegó a ser, por décadas, un personaje típico del sur, junto al indígena y el español sureño.

Niños chilenos de ascendencia alemana en la ciudad de Puerto Varas, ubicada en la ribera del Lago Llanquihue, frente al imponente volcán Osorno.
Luego de la Pacificación de la Araucanía, en 1883, se iniciaría un nuevo proceso de colonización en las tierras conquistadas bajo el amparo del Estado chileno, recibiendo a numerosos y nuevos inmigrantes, mayoritariamente alemanes, suizos y austriacos, además de un porcentaje no menor de españoles, ingleses, franceses e italianos.
Posteriormente, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se produciría la última oleada migratoria desde Alemania, luego que el país europeo quedara sumido en una profunda crisis política y social.
Aunque numéricamente muchos más alemanes emigraron a Argentina o Brasil, la influencia cultural y la sostenibilidad de los alemanes en Chile fue notoriamente mayor. No se concibe el progreso y desarrollo que experimentó la zona geográfica entre Valdivia y Puerto Montt en los siglos XIX y XX sin el decisivo concurso de los inmigrantes germanos.
La ciudad de Puerto Varas, por ejemplo, hoy es conocida como el “Múnich chileno” o la ciudad más alemana, destacando por su imponente arquitectura patrimonial en madera nativa (como la Casa Klenner-Kaschel y la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús), sus techos a dos aguas y sus bellos jardines.
Frutillar, en tanto, es conocida como la “pequeña Alemania” en Chile, famosa por sus encantadoras casas de estilo europeo, su conservatorio de música y su tradición de repostería alemana. Todo en consonancia con el imponente paisaje natural del sur, generoso en lagos, bosques y volcanes.
Por todo lo anterior, se afirma que el kuchen, la cerveza artesanal y las casas de dos pisos de madera con tejados de dos aguas siguen atestiguando que el sur de Chile tiene alma alemana.
En 2011, la Cámara Chileno-Alemana de Comercio (Deutsch-Chilenische Industrie und Handelskammer) estimó que hoy unos 500. 000 chilenos descienden de los alemanes que llegaron en las distintas oleadas de inmigración. De éstos, entre 20 mil y 40 mil siguen hablando el alemán como lengua materna.
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