Panzerfaust: La pesadilla de los tanques aliados en la Segunda Guerra Mundial

Barato y fácil de usar, este tubo de metal con una carga explosiva hueca, sin retroceso y desechable, se convirtió en el arma anticarro más famosa de la contienda. La sufrieron especialmente los rusos en la batalla de Berlín.

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El Panzerfaust (“puño blindado”, en alemán) fue un famoso lanzagranadas antitanque portátil, económico y de un solo uso, utilizado por la infantería alemana y por la Volksturm (integrada por ancianos, jóvenes y niños) durante la Segunda Guerra Mundial. Consistía en un simple tubo de acero simple y una gran ojiva con carga hueca en la punta. Era un arma sin retroceso diseñada para ser operada por un solo soldado o infante sin necesidad de un entrenamiento complejo. Tras el disparo, el tubo se desechaba.

Panzerfaust Segunda Guerra Mundial

El “puño acorazado” alemán era básicamente un cañón sin retroceso desechable usado por la infantería como arma anticarro personal. Se trataba de un cilindro de metal con un disparador y una ojiva de explosivos antitanque en la punta, un utensilio barato y muy sencillo de utilizar, pues apenas había que acercarse, apuntarlo en dirección al tanque y apretar el gatillo. Sin embargo, había que tener especial cuidado de no tener detrás a ningún compañero, para evitar que los gases lo abrasaran.

Panzerfaust Segunda Guerra Mundial

La gran innovación tecnológica del Panzerfaust fue el uso de una “carga hueca” que permitía perforar blindajes muy superiores a los que se hubieran conseguido usando la misma carga explosiva convencional. Esta “carga hueca” consistía en disponer el explosivo en forma cóncava (en forma de tazón vacío). Al explotar la carga explosiva, cada una de las partículas de explosivo se expandía en todas direcciones, pero por su citada forma cóncava, se generaba un punto de muy alta presión por delante de la cavidad, lo que permitía neutralizar a un tanque. A diferencia del también alemán Panzerschreck o de la bazuca estadounidense, el Panzerfaust fue concebido para ser desechado una vez disparado.

Panzerfaust Segunda Guerra Mundial

Imagen de un tanque estadounidense Sherman destruido por el impacto de un Panzerfaust en su parte frontal.

Los primeros Panzerfaust empezaron a distribuirse en agosto de 1943. Sus variantes más comunes (como el Panzerfaust 30 y el Panzerfaust 60) tenían un alcance efectivo muy corto, de entre 30 y 60 metros. Posteriormente se desarrollarían las versiones de Panzerfaust 100 (100 metros de alcance) y el Panzerfaust 150 (150 metros de alcance). Este último tenía la particularidad de que podía recargarse hasta en diez ocasiones, pero apenas entró en producción.

El Panzerfaust en su forma convencional se utilizó en varias fases de la Segunda Guerra Mundial, pero especialmente durante la Batalla de Berlín, cuando, intentando detener el avance de las divisiones acorazadas soviéticas en suelo alemán, las tropas del Volkssturm y la Wehrmacht equipadas con Panzerfaust destruyeron en las calles de Berlín cerca de 2000 tanques T-34 soviéticos. Por ello, se convirtieron en armas muy temidas por los conductores de tanque rusos. “No comprendimos cómo esas pandillas de niños y ancianos conseguían detener al Ejército Rojo”, recordaría un tanquista ruso.

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El tanquista soviético Dmitriy Loza, veterano de la Batalla de Berlín, rememoró que “recibimos órdenes de mantener la escotilla abierta porque, decían, eso daba más posibilidades de sobrevivir, pero nosotros las manteníamos siempre cerradas. Los artilleros armados con Panzerfaust solían apuntar al compartimento del motor. Y si eran capaces de prender fuego al carro de combate, nos gustara o no, debíamos salir al exterior para salvarnos. Los alemanes aprovechaban entonces para ametrallarnos”.

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Irónicamente, el Panzerfaust sobrevivió a la derrota final de Alemania. Los soviéticos copiaron la idea y desarrollaron el RPG-2 en 1947 y el RPG-7 tiempo después. Según los expertos, todo el concepto de armas antitanque desechables proviene de ese simple tubo de acero con una carga explosiva en forma de tazón, pues fue la primera vez que un arma barata, simple y masiva, manejada incluso por un anciano, un joven o un niño sin experiencia de artillero, tuvo la capacidad de detener y destruir a un tanque.

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