¿Qué opinaban los soldados alemanes de sus enemigos en la Segunda Guerra Mundial?
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Los efectivos de la Wehrmacht, formidables y disciplinados soldados que hicieron posible que la Alemania nazi se apoderara de casi la mitad de Europa durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, fueron considerados los mejores soldados de su tiempo debido a su doctrina operativa, tácticas, armamento y moral de combate.
El sitio web GEHM (Grupo de Estudio de Historia Militar) cuenta que gracias a la publicación del libro “Soldaten” (“Soldados del Tercer Reich”) se pudo acceder a los cientos de miles de actas procedentes de las escuchas que hicieron los aliados en los campos de prisioneros, incluyendo las opiniones que los soldados y oficiales alemanes tenían de sus enemigos: británicos, estadounidenses y rusos.
La mejor opinión de los alemanes era respecto de los soldados británicos, a quienes consideraban como unos soldados “de gran resistencia”, “muy duros” y, por sobre todo, justos. Según los germanos, tanto en las playas de Dunkerque como en Grecia los ingleses habían luchado fantásticamente bien, eran “aviadores de primera clase” y magníficos combatientes. Eran unos “tipos grandes”, gente “como nosotros”. Un soldado del África Korps afirmó que “viste a un británico con el uniforme alemán y no notarás la diferencia”.
No obstante lo anterior, los oficiales alemanes de mayor rango si bien creían que los ingleses eran excelentes soldados, consideraban a los germanos más valientes que los británicos: “Bueno, cuando los ingleses reciben un buen par en la panza, se echan atrás, y no se acercan tanto como los nuestros y, cuando se acercan, son muy torpes”. Un comandante alemán de la 1ª División de Paracaidistas, en el contexto de la guerra contra los aliados occidentales en Italia, comentó que en la actitud general hacia la guerra, los contingentes humanos del enemigo soportaban “peor la carga prolongada de pérdidas graves”.
Los soldados estadounidenses, al contrario que los británicos, no eran bien evaluados por los alemanes, quienes consideraban que sus éxitos sólo derivaban de su enorme superioridad material y esto, para los soldados de la Wehrmacht, les parecía injusto. Según los alemanes, los soldados norteamericanos eran “cobardes y mezquinos”, “mentalmente débiles”, “no tienen ni idea de lo que es una guerra dura de verdad”, “no soportan las privaciones” y son “inferiores a nosotros en el cuerpo a cuerpo”.

Batalla de las Ardenas. El Sturmbannführer Josef Diefenthal observa cómo los soldados estadounidenses del 119.º Regimiento de Infantería de EE. UU. , 30.º ID, se rinden en Stoumont, Bélgica, el 19 de diciembre de 1944.
El general Von Arnim, respecto de sus experiencias en batalla contra los norteamericanos en Túnez, relató que “esos cerdos salen todos corriendo cuando los aprietas”. Sobre los combates en Italia dijo también un general: “En general, al americano se lo tiene por un combatiente de menos valía, con pocas excepciones, porque carece de fuerza interior y temple”.
Los soldados rusos, al contrario que los norteamericanos, despertaron un enorme respeto entre los hombres de la Wehrmacht, quienes elogiaron su disposición al sacrificio y su brutalidad: “esa gente tiene una dureza inaudita, de corazón y de cuerpo”, “luchan hasta el límite”, “es increíble lo fanáticos que llegan a ser”, “te pone los pelos de punta la forma en que luchan”.
Los soldados alemanes, en general, admiraban cómo los rusos combatían despreciando la muerte, describiéndolos a veces como guerreros sin alma, impasibles, incluso “bestiales”.
El general alemán Ludwig Crüwell relataría que “cuando yo estaba cerca de Uman, eso era en la bolsa aquella de Ucrania, mis blindados tuvieron que matarlos pasando por encima, literalmente, porque no se rendían de ningún modo. Imagínense”. Según este militar, los miembros del Ejército Rojo eran buenos soldados precisamente porque luchaban con un total desprecio por su propia supervivencia. El mayor Blink de la Luftwaffe agregó que en 1941 125 bombarderos rusos atacaron una cabeza de puente alemana cerca de Bobruisk, en el río Beresina. Los cazas alemanes derribaron a 115 aparatos rusos, pero para Blink esto no era demencial, pues sólo demostraba que los “rusos vuelan con mucho arrojo y con desprecio por su vida”.
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