Stalin: La histórica carta que recibió cuando intentó asesinar en cinco oportunidades a Josip Broz, “Tito”

La relación entre los dos líderes políticos se rompió en 1948.

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Josip Broz (1892-1980), mejor conocido por la historia como Tito, fue el personaje más importante de la extinta República Federal Socialista de Yugoslavia. Considerado por muchos como un líder carismático, pero también autoritario y brutal, su largo Gobierno permitió mantener unidas a las diversas nacionalidades que conformaban Yugoslavia, siendo el primer líder en desafiar abiertamente la hegemonía de la Unión Soviética, forjando una política exterior no alineada durante la Guerra Fría y convirtiéndose en un símbolo de comunismo alternativo.

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Tito, a diferencia de otros líderes comunistas del este de Europa, llegó al poder liderando a los partisanos de su país durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le dio una autonomía que no gustaba a Stalin, quien acusó a Yugoslavia de “deslealtad ideológica”.

La tirante relación entre Stalin y Tito culminó en una definitiva ruptura política e ideológica en 1948, cuando Tito desafió el control de Moscú y defendió la autonomía de Yugoslavia. En 1948, Yugoslavia fue expulsada de la “Oficina de Información Comunista” (Kominform), el bloque comunista encabezado por la URSS. Tras el quiebre, la economía yugoslava tambaleó y el país tuvo que recurrir a la ayuda económica y militar de Estados Unidos y otros países occidentales, que veían con simpatía los esfuerzos de Tito por no recibir órdenes de Moscú.

Stalin y Josip Broz, Tito.

Stalin y Josip Broz, Tito.

Stalin, enfurecido por la autonomía de Yugoslavia, y tal como había hecho con su antiguo camarada León Trotski en México, intentó asesinar a Tito en numerosas ocasiones. Tito le respondió enviándole una escueta carta a Moscú, que decía lo siguiente:

“¡Stalin: deja de enviar gente para matarme! Ya hemos capturado a cinco, uno con una bomba, otro con un rifle…si no dejas de enviar asesinos, enviaré yo uno a Moscú, y te garantizo que no habrá un segundo”.

Dicen que después de leer la carta, Stalin se tomó en serio la amenaza y no volvió a mandar asesinos a Yugoslavia.

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