La Casa de Recogidas: La turbia historia de sexo prohibido y escándalos en Buenos Aires colonial

Una historia de corrupción, libertinaje y machismo. Conozca los detalles de un suceso judicial que puso en evidencia lo que se quería ocultar.

Guía de: Argentina

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Secuencia de Harlots.

“Las escandalosas, desarregladas, indecorosas, desobedientes, escapaban al poder de corrección ejercido por maridos, padres, hermanos, patrones, y amos. Entonces, ellos, sin más recursos que aplicar dentro de sus casas, solicitaban su reclusión en la Casa de la Residencia”.

Una historia colonial

Las mujeres díscolas, en general, eran internadas allí por pedido de los hombres de la familia. La subordinación y el sometimiento de las mujeres era justificado por ser estas “seres humanos frágiles” que requerían fuese necesario que el hombre la protegiera, vigilara y controlara, expresa Marina Paula de Palma en su tesis: “Recluidas y marginadas. El recogimiento de mujeres en el Buenos Aires colonial”.

Por su parte, la investigadora Adriana Porta, considera que el establecimiento “Casa de Recogidas” era “un ‘depósito’ para el desahogo de maridos traicionados, que en virtud de su ‘poder de corrección’, determinaban el tiempo necesario para el ‘enderezamiento’ de esposas”.

Uno de los casos documentados sirve a modo de ejemplo:

“…el director lograba confirmar que Maria del Carmen Troncoso le generó a su marido fundados motivos de celos con el pulpero; se separó de él; se excedió en palabras con el oidor; alquiló un cuarto sola; se evidenció su audacia y altanería, y como si esto fuera poco, al momento de la averiguación vivía mal con un sargento del Regimiento de Burgos. Con todo, como atenuantes, se reconocería que el esposo, aunque era un hombre de bien, y efectivo en su trabajo, solía indisponerse con la bebida y que ella era bien nacida en este pueblo”.

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Restos de la antigua ex cárcel de mujeres. Asentada sobre la aún más antigua Casa de Recogidas.

Casa de Recogidas

No se conoce la fecha de inauguración de la Casa de la Residencia, en Buenos Aires, pero sí que estaba situada cerca del actual Parque Lezama, en el barrio de San Telmo. Tampoco está claro en qué momento pasó a llamarse “Casa de Recogidas”, pero un indicio lo da la relación de Gobierno del Virrey del Río de la Plata, don Juan José de Vértiz, a su sucesor el Marqués de Loreto del 12 de mayo de 1784: sobre que en tal lugar “se recogen todas las Mugeres de mal vivir, y entregadas al libertinaje y disolución”.

Allí iban a dar las esposas, madres, hijas, y hermanas desobedientes por mancillar el honor familiar, las criadas y esclavas indóciles por insubordinadas, las dementes y también las que habían delinquido e incluso asesinado. Se sumaban las “indias” arrebatadas a los aborígenes en la lucha de fronteras y las cautivas blancas rescatadas de estos.

El funcionamiento

El personal de control era escaso o insuficiente; el encargado, la correctora -presa con buena conducta o ascendiente sobre las demás reclusas- el confesor, el maestro de la fábrica, dos presos que se encargaban del mantenimiento y dos guardias que tenían la función de controlar la entrada y salida de personas: “Quando salga de (la) Casa la correctora no permitirá se arrime nadie ala puerta con pretexto alguno”.

También acompañaban a las “recogidas” cuando salían a realizar tareas externas: “Si salen algunas Indias alavar al Rio, o acomprar ala Pulpería, hirá al cuidado de ellas un soldado p. a no se vayan… “.

Sin embargo, a pesar de esa aparente calma, las autoridades estaban atentas a posibles inconvenientes: “En caso deque las mugeres se quiera amotinar contra el Sarg. 0 Comisionado en la Casa, o correctora les dará el aurilio con la guardia p•a contenerlas, y lo mismo observará, si hubiese dentro algun incendio de fuego o que quieran escalar las paredes por dentro o por fuera… “.

El delicado y sutil aroma de mujer

Un sonado hecho judicial puso en evidencia lo que ocurría tras los muros del establecimiento. Era costumbre que cada mañana se asignara a cada reclusa las tareas del día. El acto administrativo estaba a cargo del encargado y se llevaba a cabo en una sala denominada “refectorio”, que luego se cerraba con llave hasta el día siguiente.

El encargado, de apellido Calvete, fue denunciado por algunas reclusas porque siempre seleccionaba a aquellas “á quien más estimaba” y “de mejor apariencia”, con las que solía mantener “tratos ilícitos” en el citado “refectorio”. Esas elegidas solían estar libres de tareas o recibían las de mayor jerarquía, además de “mandonear” a las menos agraciadas.

Calvete fue encarcelado bajo cargos de estar “indiciado de adulterio enel trato indebido con Dionisia de Suba’ presa en dhá Casa… asegurandose que esta en cinta de el, y cercana al Parto”. Grave, pero ese no era el mayor problema.

Resulta que la tal Dionisia era casada, y entregada a la “Casa de Recogidas” para que se “apacigüe”, por su marido. Para evitar el escándalo, desde el virrey hasta el juez interviniente, se ocuparon de ocultar el tema y sacaron a Dionisia del lugar para el parto. El niño fue entregado a la Casa de Niños Expósitos”, y ella regresó al establecimiento.

Durante la investigación del caso surgieron detalles sorprendentes. El hijo de Dionisia no fue el único producto de los deslices amorosos de Calvete: “…el hijo que algunas de ellas tuvieron del citado: Dionisia Silva, Sebastiana Peña, Isabel Machado o Isabel Caraballo, Teresa “la portuguesa”, Rosa Casero, Catalina, Mercedes, La Mulata, Petrona (fallecida), y Bernarda Avila (fallecida). Entre las indias pampas se encontraban Agustina (volvió a tierra infiel”), Chavela (fallecida), Chavela, Pasquala, y Tadea”.

Calvete aceptó haber “tenido algo que ver” con algunos de los nacimientos, pero negó otros y acusó a varios concurrentes habituales o circunstanciales en la “Casa de Recogidas”. El defensor de Calvete, adujo que las acusaciones estaban motivadas por celos, envidia y mala fe por parte de las reclusas acusadoras. La investigación también sacó a la luz una falta importante de dinero público del establecimiento responsabilizando a Calvete. El escándalo era tal, y trascendía ya hasta en España, que el virrey Vertíz decidió indultar a todos, aún a pesar de las evidencias de culpabilidad de todos los acusados. Todo indica que ante el paso de los siglos nada cambia en Buenos Aires.

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Patio de la ex cárcel de mujeres. Edificio asentado sobre los restos de la antigua Casa de Recogidas.

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